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Roa Bastos y
el bilingüismo paraguayo
La
presencia
El trueno entre las hojas, y alcanzó otras formas
de palabras en Yo el Supremo, para reflejar mejor la lengua
indígena
por Eric Courthes
“Un autor no escribe cualquier libro.
Escribe el que quiere leer y que no encuentra
en ninguna parte. Entonces el autor escribe y es escrito.”
(El trueno entre las páginas, p.139.)
El
En aquel contexto particular, el joven Augusto Roa Bastos
se trasladó con sus padres, de muy corta edad, a Iturbe,
un pueblecito del Guairá, al este de Asunción, uno de los núcleos en que
la lengua guaraní está más enraizada. En la escuela, sus compañeritos le
hablaban en guaraní, durante sus juegos, también a orillas del Tebicuary.
En otras mentes más frágiles, estas dos rupturas primigenias
habrían desembocado en un terrible trauma. En
Augusto Roa Bastos vinieron a sentar las bases de su escritura y de su
pensamiento, y dieron lugar a una de las obras maestras de la literatura
latinoamericana y mundial: Hijo de Hombre, en que justamente tenía
De hecho cabe señalar, en aquella maravillosa parábola sobre el hombre, los numerosos préstamos de la lengua indígena, sobre todo en el campo de la fauna y de la flora, los hipocorísticos, la toponimia; sin embargo, en el español usado por Roa Bastos no se notan muchos calcos, salvo en los diálogos, en que es interesante notar la traducción inconsciente del adverbio guaraní “voi”, que significa al mismo tiempo: “desde luego” y “luego”, lo que explica la confusión entre ambas palabras en la mente de los paraguayos.
“-Ese uno que escapó le pica en el forro.
!Parece un pombero luego!” (Hijo de Hombre, p. 205)
La presencia guaraní es más notable aún en los diálogos del cuento El trueno entre las hojas, y alcanzó otras formas como la aglutinación de palabras en Yo el Supremo, para reflejar mejor la lengua indígena, objetivo muy parecido al de Asturias en Maladrón, por ejemplo.
Sin embargo, aquella dualidad tan rica tiene sus mejores logros en la imbricación de los mitos: se superponen los mitos guaraníes y españoles, se relacionan y se desposan las dos culturas en aquel nuevo ámbito literario que viene a ser una ”metáfora” de la realidad sociolingüística del país. La oralidad guaraní y la escritura española terminan fusionándose: el hombre-palabra de los Mbyá-Guaraní encarna en la escritura de un genio dual, que no tiene parangón en la literatura latinoamericana. Ni Asturias ni Arguedas lograron tal próposito
La íntima conexión con la madre
Ya dijimos que la madre de Roa, con la cual escribió una pieza desaparecida a los trece años: La carcajada, le leía la Biblia en guaraní. A la misma corta edad, escribió Lucha hasta el alba, cuento fundador de su obra y de la dualidad narrativa, perdido durante más de 30 años y redescubierto en 1968. Aquella perla inaugural viene a ser una re-escritura de nuestro Génesis, concretamente una inversión del mito de Jacob, o sea que otra vez asoma la figura doble, infundida por las lecturas de la madre, con otras oposiciones de corolario: la oralidad de la historia contada y la re-escritura de aquella oralidad por ejemplo, o las figuras de los Gemelos (Véase al respecto el excelente artículo de Milagros Ezquerro: El cuento último-primero de Augusto Roa Bastos, Lima, 1984.)
Es más, el cuento consta de dos movimientos, antes y después de salir de casa, con parejo cambio de la instancia narradora. Primero un narrador homodiegético, el chico que se cuenta a sí mismo, y luego una instancia globalizadora (Ezquerro, ibid, p.121), que incluye dos enfoques: uno interno y otro externo.
Por si fuera poco, el chico al luchar con el Ángel fusiona con él, se vuelve Jacob, o sea que pasa de “escribir sobre Jacob a ser Jacob” (Ezquerro, ibid, p.121). No obstante le cuesta la vida, y pues parece que varias muertes condicionan esta obra: la del padre castrador, la de Dios, la del Karai Guasu, la de madre protectora e infusora de la palabra y finalmente la suya.
Al finalizar la Lucha, dos tiempos y dos espacios se superponen, fusionan la luz y la noche, y el personaje, por arte de birlibirloque, vuelve a integrar el panorama paraguayo, opuesto al de la Biblia, en un boliche borracho y medio…Por tanto parece mentira que haya sido escrito por un adolescente de 13 años, de tanta dualidad que va habitándolo y es fruto de los decires de la madre que, según parece, sirvió de enlace con otros tiempos desmemoriados. El autor está muy consciente de ello y, es más, su pensamiento se basa en lo binario, como lo declaró a Alejandro Maciel, en los sabrosos diálogos que entabló con él en 2001 y 2002:
“La dialéctica de la oposición. Siempre algo está en oposición con su extremo. El Bien y el Mal, el blanco y el negro. Yo trabajo mucho con esa idea. Siempre concebir algo, pero inmediatamente también pensar en su opuesto como complemento. Entre los dos, un arco. Somos seres de naturaleza binaria.“
(x) Universidad de Nanterre
(x) Del diario ÚLTIMA HORA (El Correo Semanal), 3-4 de mayo de 2003 (Asunción, Paraguay).
Rincón Poético
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El poncho del arriero Poncho que cubres el pecho del mocetón de mi tierra tienes fama de armadura tienes fama de bandera. Poncho que llevas prendido Pero también, poncho austero Poncho que cubres el pecho Envio: |
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Eduardo Galeano en Asunción
“La lengua
de los vencidos
se impuso a los
vencedores” (x)
por: César González Páez
-Fragmento-
GUARANÍ
Galeano señaló que sobre el idioma guaraní que “me atrajo la originalidad de este país que es único en algunas cosas, por ejemplo, en el hecho de que la lengua de los vencidos se haya convertido en lengua de los vencedores. Es el único caso que yo conozco, pueda ser que haya otro en la historia de la humanidad, pero que yo sepa es siempre el vencedor el que impone su lengua al vencido. Acá eso se intentó durante años, durante siglos a través de decretos y de violencias, pero no pudieron eliminar borrando del mapa el idioma guaraní, como en cambio se logró con otras lenguas indígenas en otros países. Tampoco se logró evitar que esa lengua guaraní, que era la lengua de los vencidos, conquistara el espacio de los vencedores. Entonces la sociedad emergente de la realidad colonial, que fue una sociedad ya mestiza, incorporó la lengua guaraní al habla íntima y cotidiana. Sobre todo para hablar los temas del fondo del alma, que el paraguayo habla en guaraní, eso no ha ocurrido en otro lado, que yo sepa”.
Para Galeano el guaraní “a primera vista parece indicar que es lengua muy poderosa si ha logrado sobrevivir a tanto desprecio y a tanta persecución. Ha logrado además convertirse en una lengua real del país entero, no sólo de las minorías indígenas, pienso que ese poder de la lengua no es un poder casual. De algún modo expresa la vitalidad de una cultura indígena que está en el Paraguay más viva de los que los mismos paraguayos creen que está”.
(x) Del diario ÚLTIMA HORA, 28 de julio de 1993 (Asunción, Paraguay).
Santo remedio (x)
Según los guaraní, el “mainumby” o colibrí, era nada menos que el ave primigenia que refrescaba la boca de Ñamandú-Ru-Eté (Nuestro Primer Padre Ñamandú).
En la cultura paraguaya, esta creencia está presente en la medicina popular. Por ejemplo, para el tratamiento de algunas dolencias como el “ojeo”, los “médicos” prescriben un mejunge elaborado con “Pindó caraí” (hojas de palma bendecida), “Ca´aróvirú” (hojarasca machacada del “ca´áró”) y “mainumbyraity” (nido de colibrí).
En las tradicionales festividades del “Curuzú ara”, se acostumbra realizar el ”curuzú yeguá”, que consiste en colocar una cruz en un improvisado altar profusamente adornado con chipá.
Lo llamativo de esta costumbre popular cristiana, es que conlleva una suerte de rito de la fertilidad. Las formas de los chipás que hacen de adornos evidentemente aluden a los atributos sexuales femeninos y masculinos: el chipá argolla representa lo femenino, mientras que lo masculino está representado por el caburé.
(x) Del diario ABC COLOR –Revista- 16 de febrero de 1992 (Asunción, Paraguay), en la sección: Enterese, elaborado por Luis Verón
Tratado de reciprocidad (x)
“Sin rey y sin dios”, los guaranis no adoraban panteón alguno, pero reverenciaban a los shamanes dotados del poder de curar y de metamorfosearse, capaces de provocar innundaciones e incendios o de acelerar la maduración de las cosechas. Profundamente místicos, creían que la vida era un camino hacia la perfección, que se alcanzaría por medio de la danza y el canto el cuerpo se hubiera despojado de su peso y pudiera elevarse para acceder, en el reino de este mundo, a la Tierra sin Mal.
Del libro: “La resistencia de los Guarani del Paraguay a la conquista española. 1537-1556”, de Florencia Roulet.
(x) Del diario ABC COLOR, 28-05-2003 (Asunción, Paraguay). Del coleccionable “Historias Secretas del Paraguay” (Fascículo 2), creado y dirigido por el Arq. Jorge Rubiani.
Visión de Patria
Loma Clavel (x)
por: Darío Gómez Serrato
Pintoresco barrio, rico en sugestivos recuerdos a través de medio siglo de distancia en el tiempo. Barrio montado a lo largo del cinturón ribereño que se extiende desde el Baradero hasta Villeta. Barrio de citas amorosas y tortuosas, de las citas y de muerte.
En Loma Clavel vivió Marcelina Rosa Rivero, mujer provocativa, sensual y lujuriosa, hermosura alucinante. Y de Loma Clavel desapareció una noche llena de presagios pesarosos. Y a ella le cantó el bardo mejor cotizado de la barriada para largarse en su busca aguas abajo, llevando de bordón su guitarra y de pregón sus versos; canción la más popular en aquel entonces y hasta mucho después: “Marcelina Rosa Rivero”.
De Loma Clavel bájabamos a buscar nidos de Tetéu entre las gigantescas vigas de Fassardi, acumuladas en las playas, esperando barcos de carga. Y de esos barcos subían los hombretones curtidos por los vaivenes de todos los puertos. Y subían como en tácita consigna hasta “Cure cuá” o el “hotel mberú”...- Siempre en Loma Clavel.
Allí buhaneros y transnochados navegantes, se jugaban la vida por la sonrisa insinuativa de una mujer, al influjo de la caña triste.
Allí, en Loma Clavel, sentó su base de operaciones el contemporadizador Canuto Rivero. Cantor de inusitado prestigio, mediante su habilidad en dejar bien a todos y quedar en paz con todos, en sus improvisados estribillos de subido calor político.
En Loma Clavel templaron las primeras cuerdas de sus guitarras y sus gargantas, Los Hermanos Cáceres (dúo de la simpatía), y Agustín Barboza, el folklorista cantor de todos los tiempos y planetas.
Allí, ya en 1922, ubicó el poeta en La Canción del Soldado, a la hipótetica Grabiela, cuando dijo más o menos:
“En estas tardes de junio triste mi amor me agobia
porque
a mi Máuser como a mi novia quiero fiel;
adiós
Grabiela, si es que no muero, mi dulce novia,
volveré a verte en tu mentado Loma Clavel”.
Y así hemos procurado reconstruir en el recuerdo el mentado Loma Clavel de hace medio siglo.
(x) Del diario LA TRIBUNA, 3 de noviembre de 1968 (Asunción, Paraguay).
Lengua y Literatura (x)
El castigo del tiempo
“El tiempo está vengado; Oh, suerte
mía!
el tiempo, que en el tiempo no he
mirado.
yo
me vide en un tiempo en tal estado
que al tiempo en
ningún tiempo te temía.
Bien
me castiga el tiempo la porfía
de haberme con el tiempo descuidado,
que
el tiempo tan sin tiempo me ha dejado,
que
ya no espero tiempo de alegría.
Pasaron tiempos, horas y momentos
en
que el tiempo pude aprovecharme
para excusar con el tiempo mis tormentos.
Mas,
pues del tiempo quise confiarme,
teniendo el tiempo varios movimientos
de
mí, que no del tiempo, es bien quejarme”.
José de Antequera y Castro
(Escrito en la pared de su calabozo)
Breve Biografía: José de Antequera y Castro (1689-1731), fue uno de los juices pesquisidores enviados por la Audiencia de Charcas para investigar los sucesos conflictivos de la Provincia del Paraguay, pronto fue ganado por la causa popular.
Proclamado “Padre de la Patria”, encabezó la resistencia popular en la primera etapa de la Revolución Comunera; era natural de Pananá, nacido en 1689. Poeta, latinista, egresado de la Universidad de Lima en Leyes y Teología, poseía vasta ilustración y poco común energía. Ganó enorme popularidad en el Paraguay, cuyo ejército dirigió en la batalla de Tebicuary, donde los paraguayos derrotaron sangrientamente al ejército de indios misioneros comandados por el teniente gobernador de Buenos Aires, Baltazar García Ros. El gobernador de Buenos Aires, Bruno Mauricio Zavala, con mayores elementos, volvió al Paraguay. Antequera, convencido de la inutilidad de la resistencia, abandonó la provincia para buscar amparo en la Audiencia de Charcas.
Antequera cayó en poder del virrey de Lima, y fue ajusticiado el 5 de Julio de 1731 en medio de conmoción popular. Sus ideas fueron contagiadas a Fermando de Mompox, fogoso orador, continuador de su causa.
(x) Del diario ABC COLOR (Suplemento), 25 de abril de 2003 (Asunción, Paraguay).
Siguiendo huellas
Otakar Platil (x)
por: Josefina Plá
Conocimos a Platil en 1932, al romper la guerra del Chaco. Era checo de origen, músico por vocación; ejecutante, compositor y director de orquesta; profesor de armonía y contrapunto. No cabe decir que pasara como un relámpago por nuestro medio; vivió aquí casi veinte años. La fecha de su llegada hace presumir que llegó al Paraguay fugitivo de persecuciones políticas, y que eligió este país persuadido a ello por algún paraguayo conocido suyo. Nunca me resolví a preguntarle sobre estos extremos. Tal vez fue llevar al límite la discreción; pero más tarde lo lamenté. Ni siquiera supimos su edad; pero el recuerdo me permite suponer que estaría, a su llegada, alrededor de los cuarenta. Llegó solo y pobre. Parecía no tener familia, o estar alejado de ella por las mismas circunstancias que le hicieron aterrizar aquí. Pero en su cabeza redonda el rostro amable siempre sonreía, y tenía siempre una palabra cortés para la gente.Músico, era lógico que al llegar buscase contacto con los de su profesión y así se le vio frecuentar a los que por entonces localmente “cortaban el bacalao” en estas actividades. Se aproximó por supuesto a Remberto Giménez, entonces en plena labor como fundador del Cuarteto y de la Orquesta Sinfónica de Asunción, que dirigía. Platil entró a formar parte de esta, como cello.
Conformado y sonriente, Platil sobrevivía en precarias condiciones, supongo, pues con él solo nos veíamos en algún café, preferentemente El Polo Norte. En él Platil se hallaba más; el porqué, nunca lo supimos tampoco.
Fue allí donde, y en uno de los encuentros, lanzó Platil la idea de una ópera paraguaya; una auténtica ópera, sobre el molde clásico, pero de asunto guaraní…En sucesivos encuentros llegamos a un acuerdo sobre el tema. ÑANDE YPY CUERA, de Narciso R. Colmán, nos proporcionó material; y en pocas semanas quedó terminado el plan y comenzó la composición sobre los textos que yo le iba pasando, y que eran objeto de riguroso estudio, ya que debían responder a las exigencias estructurales de la versión en el pentagrama. (El lector músico me disculpe por la jerigonza: nunca fui iniciada en los misterios de la creación musical). El caso es que PORASY (así se llamó de entrada, antes de tener cuerpo en una mísera corchea), el texto de dos de los cuatro actos estaba preparado ya un par de meses después; y Platil se puso a la tarea de musicarlos con un feroz encarnizamiento. El primer acto quedó terminado, en la parte musical, también a breve plazo; pero no hubo muchas ocasiones de airearlo, a pesar de los afanes de Platil.
El carácter de este artista, reservado siempre en su trato, en el marco de su cortesía y sonrisa perennes, me hacía recordar al muchacho de la vieja historia griega: me lo imaginaba así, mientras el zorro le roía el epigastrio. Este carácter que se escudaba en la discrección, como otras se amparan en el exhibicionismo o la vanidad, no le reportaba ventaja a Platil. Aunque formaba parte de la Sinfónica, esperó en vano que se comidiesen a incluir un fragmento de PORASY en alguna presentación de la orquesta. O quizá esperó, inútilmente también, que alguna vez , como director de la sinfónica la norma de cortesía usual en casos semejantes, en su país y también otros no europeos. Pero esta ocasión nunca llegó.
En 1934 viajamos a Europa mi esposo y yo. Al regresar yo sola, Platil, con quien no habíamos cruzado una sola carta en cuatro años casi, apareció, unas arrugas más en torno a los ojos, un poco más cansado, pero siempre sonriente.
Supe que el SODRE había recibido los incipientes textos de PORASY y que inclusive según parece algunos pasajes habían sido incluidos en programa radial. Después, nada. Platil se ponía viejo deprisa. Mea culpa: confieso que no le ayudé en nada; verdad en esos años bastante tuve que hacer para ayudarme a mi misma. Cuando me di cuenta, Platil había fallecido, solo, abandonado, hasta ahora no sé en cuál rincón de la vieja Asunción…
Arnaldo Paoli, un cantante paraguayo radicado más tarde en la Argentina, dio, después de la muerte de Platil (creo recordar que fue en el Salón de la Alianza Francesa), un recital en el cual incluyó un fragmento de PORASY (aria de Tumé en el Acto Segundo).
La música de los dos últimos actos no fue nunca escrita. Ignoré siempre el paradero de los originales tantgo de la letra mía, como de la música compuesta por Platil para los dos primeros actos y que el SODRE difundió, según datos. Este texto siquiera debería formar en un museo de música local: repositorio histórico de originales –partituras y recuerdos de músicos- en el cual, que sepamos, no se ha pensado todavía.
(x) Del diario ABC COLOR (Suplmento Cultural), 7 de julio de 1991 (Asunción, Paraguay).
ACOTACIÓN DE FA-RE-MI: Según el Diccionario de la música en el Paraguay, del maestro Luis Szarán, El Sr. Otakar Platil nació en Praga, Checoeslovaquia en 1891, y falleció en Asunción Paraguay, el 8 de marzo de 1959.
MEMORIA VIVA LA VOZ DE LA NOSTALGIA
Ndavy'áigui apurahéi
Recién casado, en San Pablo, el guaireño Gumersindo Ayala Aquino -cuyo aniversario de fallecimiento acaba de recordarse- compuso una música para su esposa ausente.
Mario Rubén Álvarez
alva@uhora.com.py
El poeta, músico y compositor guaireño Gumersindo Ayala Aquino
-nacido en Villarrica el 13 de enero de 1910 y fallecido en Asunción
el 29 de febrero de 1972- era ya un hombre maduro.
Con su trío Guaireños (con Luis Osmer Meza -quien con el tiempo
sería el universal Luis Alberto del Paraná- y Digno García),
que luego pasaría a ser conjunto Los Guaireños, había
recorrido buena parte de Latinoamérica. Antes de recorrer los diversos
aires, había estado en la capital argentina (1), en la década
de 1930, junto a los grandes de la música paraguaya, incluyendo al maestro
José Asunción Flores, cuya orquesta Ortiz Guerrero integró.
En Venezuela había anclado por algún tiempo como docente de la
Escuela Superior de Música de San Cristóbal , en el Estado de
Táchira.
Cuando regresó a Asunción tenía ya más de 50 años.
Pese a recorrer tantos caminos, su corazón seguía sin dueño
definitivo. Estaba aún a la espera de la musa inspiradora que cautivara
para siempre su espíritu andariego y lo retuviera en una geografía
sin puertos para partir de nuevo.
En julio de 1962 ocurrió un episodio que cambiaría el rumbo de
la existencia del artista guaireño. Trabajaba por entonces en el Ministerio
de Obras Públicas y Comunicaciones. Era su compañero de trabajo
y amigo el escultor Báez Rolón. Con él se fue un día
a la Alfarería Guida -de Víctor Guida-, ubicada en el kilómetro
18 de la ruta II. Razones de trabajo eran las que les llevaron, pues el artista
plástico le hacía los moldes al alfarero. Dio, sin embargo, la
casualidad de que era el cumpleaños del dueño de casa.
Allí, por primera vez, se vieron Gumersindo Ayala Aquino y la profesora
Georgina Ester López, docente del sexto grado de la Escuela General
Díaz, de Asunción. "Era en vacación de invierno.
Yo estaba invitada allí, pues era muy amiga de la familia. Él
y su amigo cayeron por casualidad al lugar. Invitados a comer, intercambiamos
algunas miradas. Yo cantaba guaranias, él recitaba", recuerda doña
Ester.
La maestra regresó en colectivo a su casa, en la Capital. Gumersindo,
ni corto ni perezoso, la acompañó. Conversando, ella le contó que
necesitaba una foto del poeta Eloy Fariña Núñez. Él
le dijo que tenía una y prometió poner a su disposición,
entregándole una tarjeta personal con la dirección de su oficina.
"Después conseguí lo que andaba buscando y no hubo necesidad
de recurrir a quien me había ofrecido con tanta amabilidad su cooperación.
Un día, estando en el colegio, mi directora me avisó que tenía
una llamada telefónica de mi profesor. Yo seguía estudiando y había
faltado a una clase de investigación en el Archivo Nacional. Pensé que
me iba a reclamar esa ausencia. 'Buenas tardes, profesor' saludé. Desde
el otro lado de la línea escucho: 'Ya quisiera ser su profesor'. Era,
había sido, Gumersindo, quien me invitó a tomar un cafecito en
el centro", cuenta la viuda del poeta.
Ndavy'áigui
apurahéi (*) Aguapy ne pore'ÿme ndavy'áigui apurahéi hi'ãitégui ajohéi che ñe'ãgui ñemboasy ha añandúko che jopy hatãite ko che ñe'ãme ha mante che resa'ãme rohecha jey jey. Ha ha'e che py'apýpe oime pipo che kamba che rehe imandu'a mombyrýma chehegui. Ha'eténte ahendúva ne ñe'ê mbeguekatu ha upéva oikutu hatãite che py'apy ha ou pe vy'a'ÿ oikepa che apytu'ûme techaga'u ypytûme ajechágui tyre'ÿ. Ha ha'e che py'apýpe oime pipo che kamba che rehe imandu'a mombyrýma chehegui. Che añoite ne pore'ÿme ndavy'ái, che tapere, che ñe'ã operere nderehe che mandu'a ha aipyhy che mbaraka ainupãvo purahéipe che moîva yuhéipe vy'a'ÿ akãhãtã. Ha ha'e che py'apýpe oime pipo che kamba che rehe imandu'a mombyrýma chehegui. |
Se cumplieron cuatrocientos
años de la creación de la Provincia Jesuítica del Paraguay, si nos
atenemos a la carta del 9 de febrero de 1604 (ver texto completo
adjunto) que el padre Aquaviva, por aquel entonces Padre General
de la Compañía de Jesús, le envió al padre Diego de Torres, indicándole
cómo debía hacerse la división de un gigantesco territorio que abarcaba
gran parte de la América del Sur española.
Desde comienzos de 1602
hasta fines de 1603, el padre Diego de Torres negoció en Madrid y
en Roma la división de la Provincia del Perú, de acuerdo a los límites
que se habían discutido ya en Lima y en donde se había logrado un
acuerdo total. |
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(x) De diario ABC COLOR (Suplemento Cultural), 22 de febrero de 2004 (Asunción, Paraguay) |
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La carta del 9 de febrero de 1604 que crea la Provincia del
Paraguay
“Con las últimas cartas que han venido del Perú y hemos sabido el
estado de las cosas del Paraguay, acerca de las c cuales nos escribe
el P. Provincial y los Padres que andan en aquellas misiones, y certifico
a V.R. que leyéndolas no pude dejar de enternecerme, viendo por una
parte un gran número de almas que han recibido el santo bautismo y
por otra tan grande falta de ministros del Evangelio que las instruyan
y conserven en el conocimiento y temor santo de Dios. Lo cual y el
ver que si los de la Compañía los dejan, quedan aquellos pobres totalmente
desamparados, nos ha dado ocasión para considerarlo más atentamente,
y así, después de haberlo encomendado a Nuestro Señor y ofrecido a
esta intención muchas misas, hemos determinado que del Tucumán y del
Paraguay se haga una provincia distinta e independiente de la del Perú,
según se escribe largo al P. Rodrigo de Cabredo, y verá V.R. si Nuestro
Señor fuese servido que llegue allá con la salud que yo deseo. Para
entablar esta obra de tanto servicio divino hemos puesto los ojos en
V.R. por esas satisfechos de su mucha religión y celo. Y así querríamos que se encargase de ella con tanto ánimo como la
gravedad del negocio pide. Y porque de esta elección que hemos hecho
de su persona de V.R. para el gobierno de esta nueva provincia y del
asiento de todo lo que acerca de esto se hubiere de hacer se avisa
al Provincial del Perú más largamente, ni diremos más en ésta”. (*) (x) De diario ABC COLOR (Suplemento Cultural), 22 de febrero de 2004 (Asunción, Paraguay). |
Como nació la canción:
“Recuerdos de Ypacaraí” (x)
por: DemetrioOrtiz
(Compositor/Intérprete)
El conjunto que dirigía el famoso creador de “Pájaro Campana”; Félix Pérez Cardozo, estaba realizando sus presentaciones en la ciudad de Córdoba, y yo con ellos, como uno de sus guitarristas ritmistas. Trabajábamos en el mismo hotel donde nos hospedábamos, pues en el subsuelo había una peña folklórica.
Después de cada entrada teníamos una hora y media de descanso que yo aprovechaba para subir a mi habitación con mi guitarra y tirarme en la cama un rato, ya que sentía fuertes malestares digestivos; esto se venía sucediendo desde hacía un un buen tiempo, y hubo noches en que el dolor que me aquejaba era muy intenso, y eso me tenía bastante preucupado; no tenía a nadie para poder cuidarme, solo y sin parientes, lejos de mi tierra. En esas noches tristes, para aliviar mi dolencia, distraía mis pensamientos hacía aquellos momentos felices de mis actuaciones artísticas allá en mi país. Y una vez recordé la que realizamos en uno de los lugares más pintorescos de mi Paraguay.
Estuvimos allí tres días, realizando nuestras presentaciones por las noches en el club de la localidad que nos había contratado.
Al segundo día, por la tardecita, una hermosa muchacha pasó frente al hotel donde nos hospedábamos; no pude resistir su simpatía y ma atreví a saludarla, y ella se dio vuelta respondiéndome con una sonrisa tímida. Prudentemente, la seguí hasta que entró en una casa; me quedé en la esquina observando los alrededores y al cabo de un rato, ví von alegría que esta muchacha volvía a salir.
Me puse muy nervioso; no sabía que hacer, me costaba resolver si debía acercarme a hablarle o no; por fin, me decidí a caminar a su lado y tratar de iniciar una conversación. La joven, gustosa, aceptó mi compañia.
Me enteré así de que la noche anterior había estado en el festival y le había gustado mucho nuestra actuación; me felicitó además, por las canciones que había interpretado en esa oportunidad. Ella también amaba la música y el canto, y allí nomás me lo demostró, cuando se puso a entonar con una dulce voz, viejas y típicas canciones en guaraní.
Hablamos de muchas cosas, mientras seguíamos caminando, y llegué a simpatizar con ella de una manera extraña, por su sencillez, su sonrisa y su cautivadora manera de andar y de expresarse. Ella también demostró simpatizar conmigo, y entonces hicimos planes para seguir viéndonos; ella iría a Asunción las veces que pudiera y yo vendría a su pueblo apenas un tiempo libre que mi trabajo me lo permitiera. Así habíamos quedado con aquella muchacha de mi tierra, con un compromiso que se podia haber concretado con un final feliz si no fuera por la desgracia que azotó al país con la contienda civil del año 1947 que truncó muchos sueños y desecandenó el éxodo de miles y miles de ciudadanos que no tenían nada que ver con la política como en el caso mío.
Esa noche, recordando todo eso, pulse mi guitarra pensando en aquella muchacha que se había quedado allá tan lejos, y a la que quién sabe qué destino le había tocado transitar. Fue en esos momentos cuando nació la melodía que titulé “Recuerdos de Ypacaraí”, y a la que dos años después Zulema de Mirkin felizmente adaptó una hermosa letra.
(x) Del libro: Una guitarra, un hombre, por: Demeterio Ortiz; 1986 (Asunción, Paraguay).
(xx) Más información sobre el autor, haga click sobre lo subrayado.
ACOTACIÓN DE FA-RE-MI: Entrar en Real Audio (Desde la Página Principal; Escuchar músicas
paraguayas...), y escuche esta canción en la inolvidable, irrepetible,
voz de Luis Alberto del Paraná, acompañado de su conjunto Los
Paraguayos. Más información sobre Paraná, leer el libro de B.
Garcete Saldívar - arpapu@yahoo.com: ”Luis
Alberto del Paraná. Perfil de un triunfador ”(4ta. Edición; mayo 2003).