33.Parte “Ceñida a la frente radiante corona, la reina morena De la selva viene, con regio atavío yepé ipynandí, En sus labios trae un canto soberbio que en noches serenas, Fluyen de las sierras, muros gigantescos indo-guaraní”. (x) De la guarania “La canción del mimby” de: L: J. Cristóbal Baldi, y:
M: Emilio Bobadilla Cáceres DEL PARAGUAY PROFUNDO ALBINO ORTIZ RAMIREZ, EXCOMBATIENTE DEL CHACO (x) El transmisor morse era como internet en la Guerra Cuando le sorprendió la Guerra del Chaco, Mario Albino Ortíz Ramíres tenía 16 años.
Abandonó su escuela para formarse como radiooperador y telegrafista y, como tal, se
desempeñó durante la contienda. Hoy rememora que las comunicaciones fueron vitales
para la victoria paraguaya. “El transmisor morse era como nuestro internet”, dice, y se
La globalización no es una cuestión ajena a este nonagenario hombre sobreviviente de la Guerra del Chaco, quien asegura que los jovenes deben conocer los hechos y no solo rendir un homenaje a sus héroes cada 12 de junio. Fue el encargado de las comunicaciones en el Tercer Cuerpo de Ejército, a cargo del Cnel. Luis Irrazábal.
-Cómo lo hizo?
-Un caso específico? -Recuerdo que se estaba combatiendo intensamente en los alrededores de Gondra y el ministro de Guerra, Dr. Víctor Rojas, tenía que informarle permanentemente a Estigarriba de la lucha. Entonces, le ordena al Cnel. Manuel Garay redactar un telegrama y me hace en guaraní. El mensaje era el siguiente: “Che rembireko réra ñúme lo mitã oyeroky hína, ha iporã la porte. Ko´ëtï yave iporãvéta porque los avaí ombovútama camisá lomo”. Quería decir: “Se está combatiendo intensamente en Campo Aceval (resulta que Garay estaba casado con una señora de apellido Aceval) en forma favorable. Al amanecer, vamos a estar mejor porque el enemigo se va a replegar”. -Quién interpretaba los mensajes? -Los interpretábamos nosotros. Estigarribia y Víctor Rojas. Todos los del servicio de comunicaciones y luego transmitiamos, Cuando terminábamos de dar el parte seguíamos pendientes, escuchando las estaciones boliviana para ver qué es lo que ellos decían. Pasábamos por criptografía porque teníamos sus claves, así como ellos habrán tenido las nuestras. Pero el guaraní figurado nos ayudó bastante porque ellos tenían a gente de Santa Cruz que hablaba guaraní y nos podrían entender. -Eso es lo que les llevó al éxito? -Las comunicaciones fueron el ojo y el oído de nuestro Comando. Muchas batallas se ganaron porque se sabía el movimiento del enemigo. -Algún ejemplo concreto? -En Campo Vía había dos divisiones, que estaban siendo acorraladas por orden del alemán- boliviano Hans Kundt, quien personalmente se dirigía a sus coroneles González Kim y Bánzer. Nosotros interceptábamos todos los mensajes en ambos sentidos. Así cayeron dos divisiones con 9.000 hombres con pertrechos y camiones. Eso por una parte. También recuerdo de que vino una delegación europea (francesa) en plena guerra a visitar a Estigarribia y le preguntan: “General, qué opina Ud. de la guerra, quién gana?, y él les responde: “La guerra gana el que tenga mejor organizado su sistema de comunicaciones”. Pienso que tuvo razón porque territorialmente los bolivianos ya estaban aquí cerquita, frente a nosotros. -Por qué cree que llegaron tan cerca? -Creo que aprovecharon las revoluciones de las que no nos habíamos repuestos para venir sobre nosotros. Desde 1900 tuvimos revueltas. En 1904, para subir a los liberales, en 1908… En 1911, Albino Jara –al que tanto afecto tenía mi padre, que me encajó su nombre-, siendo ministro de Guerra, le saca al presidente y asume él. En 1912, con otra revolución, lo matan en Paraguarí y sube Schaerer. Hasta 1916 hubo otras y también en 1922 los saco mbyky contra los saco puku. Era un desastre, había saqueos y todo lo peor que se extendió a todo el territorio. Diez años después ya se vino la guerra sin que nos hayamos repuesto y los bolivianos nos vinieron encima. Ellos siempre empezaron con su expansión a manifestar que el Chaco era de ellos, pero nosotros teníamos los documentos, y más antecedentes. -Hasta donde llegaban nuestros límites? -Hice la primaria en la Escuela Artigas del Botánico. Cuando estudiábamos los límites del Paraguay, decíamos…Al norte, el río Otuquis o Negro y el río Parapití; al oeste, el Pilcomayo…, etc. Ya teníamos en la cabeza de mita´í nuestros límites con Bolivia. Nunca nadie llegó hasta allí antes y los bolivianos desde 1905 empezaron a fundar fortínes. En 1931 ya estaban en la zona del Estero Patiño, donde fundaron el Fortín Estero. Como no pudieron seguir bajando se internaron hacia adentro. –¿El objetivo siempre fue el río Paraguay?
(x) Del diario ABC COLOR Asunción, Paraguay, Domingo 17 de Junio de 2007 Libro emblemático sobre la música en el Paraguay El libro: MÚSICA Y MÚSICOS DEL PARAGUAY del Dr. Juan Max Boettner (x) A MODO DE COMIENZO (1956) Cuando emprendí en firme el estudio de la música paraguaya, traté de hallar publicaciones sobre las cuales basarme. Alguna que otra conferencia, escasos artículos periodísticos fue todo lo que se pudo coleccionar. Me hallaba pues ante un terreno virgen que excitó notablemente mi curiosidad de musicólogo. Con gran entusiasmo me dediqué a la pesquisa de cuanto pudiera ser útil: En el Archivo Nacional y en la Biblioteca Nacional de Asunción revisé libros y periódicos durante muchos meses y años. Entrevistas con músicos destacados eran anotadas en un cuadernillo. Me sentí reportero. Hacía hablar, sin emitir opinión. Viajes a la campaña me pusieron en contacto con viejos cultores del folklore. Tuve el privilegio de ser admitido a la colección dispersa, pero valiosa, de Manuel Mosqueira de Carapeguá. Saqué copias fotográficas de cuanto documento podría resultarme de provecho. En la tranquilidad de mi mesa de trabajo, las copias fueron analizadas bajo la lupa óptica y musicológica. Dos circulares mimeografiadas, una encuesta para los músicos y otra para los profesores, fueron profusamente remitidas. A la luz volvieron mis viejos apuntes en papeles y pentagramas. Mi biblioteca musical fue de nuevo hojeada en busca de referencias al tema propuesto. Fui coleccionando ediciones y manuscritos antiguos. Un día tuve que poner punto final, para ordenar el rico material recogido. Cada frase anotada fue numerada para facilitar el encasillamiento de la materia prima. Y mis ”vacaciones” de enero fueron utilizadas para la redacción final. Todo esto se desarrollaba paralelamente a mis tareas de médico. Una vez más la Música me brindaba compensación generosa a la tensión profesional causada por el dolor humano. Hoy al ofrecer a mis amigos músicos este libro, agradezco a todos los que me han ayudado en este apasionante trabajo y pido excusas a los muchos artistas que dejé de citar, exclusivamente porque no tenía catastro sobre el cual basarme. PRÓLOGO (1997) El Prof. Dr. Juan Max Boettner honró a su patria, a la ciencia, a la cultura, al arte. Su dotación por la causa de los enfermos lo ungen con la aureola de apóstol de la medicina. Espíritu selecto, desde niño sintió pasión por la música. Su sólida formación en los mejores centros de estudios de Alemania y Argentina completó su personalidad artística. Hombre de conocimiento universal, conocía perfectamente la problemática del hombre. Su consagración a la ciencia médica al servicio de los signados por la terrible enfermedad de la tuberculosis, marcan una etapa de dolor y esperanza en su delicado espíritu. Juan Max Boettner, en mayúscula, integra la galería de los ilustres que honran al género humano. Su tiempo libre, lo dedicó a la música, que es el lenguaje sonoro, la ciencia de la armonía y el arte excelso que nos eleva. El estudio del solfeo, teórico y práctico, el conocimiento de los signos y su relación entre si, así como a las reglas que rigen la tonalidad, constituyen base de toda educación musical. El maestro Juan Max Boettner superó estas difíciles etapas con talento, abnegación y altruísmo, atributos de hombres excepcionales. La historia nos recuerda que los pueblos antiguos como Egipto, Israel, Grecia y Roma, concedieron a la música un papel para la cohesión y la formación de la identidad social. Las canciones épicas fortalecieron el valor de los guerreros. Nuestras historias está enriquecida por los himnos de gloria: ”Campamento Cerro León”,”Cerro Corá”, ”Nanawa, ”1º de Marzo”, ”Chaco Boreal”,”13 Tuyutí”. La música en la formación moral del hombre es un medio idóneo para educar. Se ha dicho que los problemas del ser humano se resuelven con la orientación del niño. El universo enfrentó dos corrientes; una espiritualista, la filosofía del ser; otra materialista, la filosofía del tener. En este mundo convulsionado, lleno de contradicciones e injusticias reivindicar los valores será el mejor homenaje al género humano. Las virtudes ciudadanas del autor de esta obra, el Prof. Dr. Juan Max Boettner, es un ejemplo de vida en el que debieran inspirarse los paraguayos. La dación a la noble causa de asistir a los enfermos, por la excelsa cualidad de servir al semejante, consagra al científico, al filántropo, al artista con sensibilidad superior, al hombre que vivió para el bien. Es oportuno congratularnos con la reedición de este libro, que aporta investigaciones inéditas que nos acerca a nuestrra realidad histórica y fundamenta ls razones de que promovieron el impulso nacional. Un pueblo que canta. Una nación que siente los valores de su espíritu diagnostica salud, cultura y bienestar. Los relevantes servicios de Juan Max Boettner a la humanidad, inmortaliza su memoria. Predicó la solidaridad y la caridad. Ni el odio, menos el egoísmo corrompieron su límpida trayectoria. Quién se aleja de la verdad abusa del verbalismo esteríl, presentuoso e infecundo. Sirva esta vida ejemplar de Juan Max Boettner para que los paraguayos en funciones públicas recuerden el deber de servir que nos impone tal privilegio. Sólo un anhelo sincero de justicia, de verdad devolverán la salud moral de la nación. La música como ciencia, arte y medio educativo desempeña en la vida de los pueblos un factor trascendente de integración e identidad. Dr. Miguel Ángel Pangrazio Ciancio ACOTACIÓN DE FA-RE-MI: Este libro se imprimió por primera vez en el año 1956 (Edición de APA; Autores Paraguayos Asociados y del propio autor); y luego de 41 años, en el mes de Mayo de 1997, se volvió a reeditar por iniciativa de Bernardo Garcete Saldívar, por expresa autorización de los herederos del Prof. Dr. Juan Max Boettner. En la actualidad, prácticamente está agotada dicha edición, y es muy posible que para fines de Enero de 2008, se vuelva a hacer otra edición.Más información recabar a: arpapu@yahoo.comEl libro tiene 296 páginas,y mide: 17,5 x 25 cent. 3ra. Edición Junio 2000. © Todos los Derechos Reservados © All Rights Reserved. 1997 Acerca del poeta paraguayo Manuel Ortiz Guerrero LA MARIPOSA BRILLANTE (x)por: Juan Bautista Rivarola Matto José Asunción Flores persiguió, blandiendo una silla, a un aterrado y desconcertado ejecutivo de la RCA Víctor de Buenos Aires, que se había permitido decir que Manuel Ortiz Guerrero era un poeta “menor”. Hace poco años, por algo parecido, Francisco Pérez Maricevich fue amenazado de muerte. “Te hubiera matado –le dije- porque debías saber que Ortiz Guerrero pertenece a la mitología más que a la literatura”. Tanto él como yo estábamos equivocados. Desde la década del 50, en la que comienza el proceso de maduración de la literatura paraguaya, se ha difundido entre poetas y escritores la tendencia a subestimar la poesía de Ortiz Guerrero. En vez del análisis profundo, comprensivo, renovador, con harta frecuencia aparecen críticos de pacotilla, minúsculos iconoclastas que se sienten con autoridad intelectual para amontonar lugares comunes y sandeces en el castellano más pésimo, acerca de la obra de quien tiene su nombre eternamente asociado a la guarania de Flores; del autor de Panambi Vera, de un poema inmortal, de un hombre que ha ejercido una profunda influencia en su generación como pocos el patrimonio moral de nuestro pueblo. En tiempo de Ortiz Guerrero las grandes corrientes literarias no podían ser asimiladas plenamente en un país como el nuestro, signado por la pobreza, el aislamiento y el atraso. Ortiz Guerrero tomó de ellas lo que pudo, como pudo, y las volcó en el cauce de la cultura popular. Perteneció a una generación de poetas, músicos y dramaturgos semicultos y se convirtió en su guía y maestro. Su palabra era escuchada con veneración: sus versos, aprendidos de memoria. El guaraní asimiló una poética y una preceptiva que dio andamiaje a Panambi Verá, Jasy Morotï, Nde ratypykuá, Nde jurumbyté..- Se nos dirá que lo que se cuestiona es la poesía de Ortiz Guerrero en español. Pues bien, lo que afirmamos es que fue justamente esa poesía la que ejerció una profunda, renovadora, fecundante influencia. Si se hizo más vital y original en guaraní, no es porque los poetas dominaran mejor este idioma, cosa por demás discutible, puesto que casi carecía por completo de tradición literaria, sino porque en él se hallaban libres de provincialismos y complejos, y el espiritu podia expresarse en plenitud. La más cabal asimilación de la poesía culta, que se popularizó principalmente por obra de Ortiz Guerrero, se produjo en la poesía paraguaya en guaraní. Lo esencial no está en el idioma que se usa, sino en el carácter, en la actitud que se asume ante la vida y el coraje de ser lo que es. Me contaba don Herminio Giménez que la aparición de “Surgente” produjo un verdadero deslumbramiento. “Ore mbo tarova mo´ã”, para decirlo con sus propias palabras. Con todas sus reales y supuestas imperfecciones, con el candor que encierra este pequeño libro, fue para muchos el primer contacto con la poesía culta. Tras muchas deliberaciones, don Herminio y Darío Gómez Serrato, muy jóvenes entonces, deciden llevarle una serenata al maestro. No lo conocen personalmente. Ya bajo la ventana del humilde rancho en que vivía, cantaron un vals, persuadidos que una vulgar polquita hubiera sido irrelevante para un hombre tan insigne. En una pausa, oyeron a Manú que les decía, con elocuencia de guaireño: “Qué nocturnos ruiseñores han venido a aliviar la pesarosa vigilia del poeta ?. Al igual que aquella noche, al recordarlo, don Herminio rompió a llorar. Manuel Ortiz Guerrero puede ser recordado, con justicia, como un prócer de las letras paraguayas. (x) Del diario –hoy desaparecido- HOY, domingo 8 de mayo de 1983 (Asunción, Paraguay) 20 años no es nada. –Fragmento- EL HECHIZO DE LA MÚSICA PARAGUAYA (x)por: Bernardo Garcete Saldívar Desde hace años venimos escuchando el nombre de un artista-folklorista, en Europa, llamado ROBERTO GUARANÍ, y por aquello de Horacio Guaraní, creíamos que era charrúa o correntino. Picados por la curiosidad, preguntamos a Alfredo Marcucci (!argentino, medio paraguayo-belga!), que continúa actuando esporádicamente con el conjunto Los Paraguayos dirigido por Reynaldo Meza, sobre aquel artista. Alfredo Marcucci, muy amable como siempre, entre jugadas y jugadas de ajedrez-epistolar, nos escribe: “Me pides que te cuente algo sobre Roberto Guaraní, y te diré que es un holandés rubio (ahora ya bastante canoso), bastante corpulento y con una figura tan representativa de su pueblo que solo le falta andar con los suecos de madera…Bueno, este señor, cuando era muy joven fue picado por la mosca del paraguayismo al escuchar al trio Los Paraguayos y al conjunto de Luis Alberto del Paraná más tarde. A Roberto Guaraní le fiebre le atacó por el lado de tocar y cantar, y empezó a tocar guitarra y cantar; aprendió a hablar el castellano y cantar en ese idioma, y !en guaraní!. En el año 1972 vino al teatro en Rotterdam y nos sorprendió tocando la guitarra e imitando la manera de ”rasguear” la polka y la guarania, como también los rasguidos de diferentes guitarristas paraguayos, incluídos Paraná y Barboza…!; luego nos enteramos que se enroló en un barco holandés que iba a Asunción, y asombró a toda la muchachada del puerto cantándoles en guaraní, teniendo esa pinta de holandés de pelo rubio y piel tirando a rojiza..- Continúa Marcucci: “Luego vivió muchos años en París, siempre trabajando como músico latinoamericano (también toca bastante bien el arpa paraguaya); tiene un carácter muy simple, muy abierto (como un “niño grande” como él mismo se gusta caracterizar), pero es muy organizado y muy correcto; y para buscar trabajo es muy hábil, y está muy bien equipado. Sus relaciones en el mundo del espectáculo son notables. Está casado con una dama francesa, y tiene dos niñas de unos 4 y 6 años que son muy afectuosas, y a mí me conocen muy bien porque varias veces he pernoctado en casa de esta familia.”; termina Alfredo Marcucci (Landen, Bélgica, 23 de noviembre de 1994). (x) Del libro: ”LUIS ALBERTO DEL PARANÁ: PERFIL DE UN TRIUNFADOR”, por Bernardo Garcete Saldívar (Edición del autor: 4a. Edición; Mayo de 2003), Asunción, Paraguay. El libro tiene 272
páginas, y mide: 14 x 19,5 cent. 4ta.
edición. Mayo 2003. © Posteriormente a este libro, editó: “LUIS ALBERTO DEL PARANÁ INAGOTABLE” (Edición del autor; Setiembre de 2004) Asunción, Paraguay. Ambos libros se pueden adquirir en las principales librerías de Asunción. Memoria viva Amor a un pueblo desde la ternura de una mujer A mi Roque González (x) Algunos años después de la primera visita a la comunidad de Roque González de Santa Cruz, en el Departamento de Paraguarí, Juan Alfonso Ramírez compuso una polca para esa tierra. por: Mario Rubén Álvarez -Poeta y periodista- Las canciones dedicadas a los pueblos suelene nacer del autor entrañable de algún hijo que perpetua el nombre de su tierra en un poema convertido en melodía. O que busca y encuentra, como el caso de Sixto Cano que se vale de terceros (Antonio Ortiz Mayans y Francisco Alvarenga) para inmortalizar su adorado Quyquyhó- los artistas que cristalizan sus sueños. Una mujer también, a veces, es la razón de ser una inspiración que habla de un pueblo que se ama a través de su ternura. Éste es el itinerario que hay que seguir para llegar al origen de A mi Roque González. ”En 1947 actuaba yo con el arpista Albino Quiñonez y el guitarrista misionero Miguel Amarilla en Formosa. Andaba por allí, tocábamos en las fiestas, corría dinero porque tiempo de cosecha. En una de las actuaciones llegó al lugar donde actuábamos Chinita Montiel con sus parientes. Nos habían escuchado cantar y quería saludarme al concluir nuestra presentación, cosa que no pudo ser porque, como hacía tanto calor, al bajarme del escenario fui corriendo al camerín para cambiarme la camisa empapada. Lo cierto es que después volví a Asunción, ella también y el romance con la que también era cantante y guitarrista fue ya imposible de parar. Tanto es así que el 10 de enero de 1948 ya nos casamos”, cuenta Juan Alfonso Ramírez –nacido el 15 de enero de 1925 en la compañia Bombilla, de Coronel Martínez, Departamento del Guairá-, director del Conjunto ”Los Indios”, con el recorrió 53 países del planeta. ”Roñontende niko mbeguetatúpe. Ha, ma´ëraiko, che gueraháma katu voi Roque González, ivallepe (De a poco fuimos armonizando nuestras vidas. Y pronto ella me llevó a su valle, Roque González). Chinita era muy hermosa, una mantequilla. Era imposible negarse a lo que pedía. Me hizo conocer el arroyo Moñairy. Su nombre viene de la mitología guaraní: es el arroyo del Moñai, una especie de diablo. Y también me hizo beber agua del ”Ykua Leguito”, que tiene su fama. Por eso dice la canción el agua bebí de su boca en flor. Chéngo hay´u ijurúgui ha upépe che moaká vaietéma. Había sido ipaje voi kuña upepegua ra´e (Bebí el agua de su boca y quedé peredidamente enamorado de ella. Había sido que las mujeres de ese lugar tenían su propio payé)”, continúa relatando el músico y compositor. ”Pasó el tiempo y en 1959 estábamos en Roque González de Santa Cruz –que está en el Departamento de Paraguarí y ante se llamaba Tavapy; era un pueblo der indígenas guaraníes-. Me aparté en una casita para componer A mi Roque González. Ndaha´éi ningo la che válle, ajépa, pero Chinita rupive che añemomba´e hese (Ciertamente no es mi terruño, pero a través de Chinita me apropié de él). Con mi guitarra, recordando que Roque González me había dado la mujer de mi vida, fui componiendo la canción. Entonces iban apareciendo ante mí las escenas que vivimos en nuestra primera visita. Mimí (María), mi hija, muy pequeña aún, estaba escuchando mi empeño. Con muy buen oído y mucha intuición se acercó y me dio algunas sugerencias para la melodía. Por eso figura como coautora mía. Quise recordar de ese modo su interés y su participación”, concluye Juan Alfonso Ramírez ante la atenta mirada de Chinita Montiel, quien fue aprobando los diversos pasajes de su relato sin intervenir ni una sola vez.
(x) Del diario ÚLTIMA HORA (El Correo Semanal), 8 de enero de 2005 (Asunción, Paraguay)
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