31.Parte
“Luce paraguaya tu donaire
regalando la frescura de tu risa
danza con el arpa y la guitarra
tradiciones de tu tierra guaraní” (x)
(x) De la canción “Paraguaya rohayhú” deCirilo R. Zayas (l) y Chinita de Nicola (m). |
DEL PARAGUAY PROFUNDO

Lenguas. El
náhuatl, el quechua, el aymará y el guaraní
como
lenguas generales
Precursores en
el estudio de los idiomas amerindios (x)
Los
primeros estudios serios sobre los idiomas pertenecen a los religiosos, quienes
publicaron para uso de unos pocos cientos de misioneros
por:
Luciano Pablo Grasso
(Historiador)
Primero indicaré cómo ocurrió que, en la
evangelización de los indígenas, se utilizaron los principales idiomas
amerindios y no el castellano. Luego apreciaremos la tarea de algunos
religiosos, precursores en el conocimiento de esas lenguas, y que sentaron las
bases para los actuales estudios de aquelllas
ANTECEDENTES. ¿En qué idioma habría de realizarse la
tarea de los religiosos y, en general, el contacto con los indígenas? Se debía
optar por dos soluciones posibles: los aborígenes aprendían el castellano
como
lengua exclusiva o los misioneros estudiaban las lenguas amerindias.
Al principio
la
Corte española quiso imponer la primera solución. Así lo expresa cierta
ordenanza de 1516, y hacia 1550 aparece en un capítulo de las Leyes de Indias,
donde se insiste en la necesidad de enseñarles el castellano debido a la
existencia de muchas lenguas aborígenes. Y en 1575 el virrey
Toledo
procuró que los nativos aprendan el español para poder enseñarles la doctrina
cristiana. Pero los misioneros, en su mayoría, se opusieron a aquella
hispanización lengüística
del
indio, y llevaron adelante el adoctrinamiento de los mismos
en sus propios idiomas.
¿Cómo resolvieron los religosos el problema enseñanza de tantos idiomas
como
eran los amerindios ? Durante los primeros
tiempos se vieron obligados a aprender un número elevado de aquéllos. Aunque
luego consiguieron resolver la cuestión: incorporaron las denominadas ”lenguas
generales”. De esa manera aquellas lenguas penetraron con los religiosos en
regiones donde antes no existían.
Finalmente
la
Corte cedió: prohibió ordenar sacerdotes que ignoraban los idiomas indoamericanos. Dicha prohibición se aplicó al quechua
desde 1578. Y ya en 1580 está vigente en Tucumán para explicar el catecismo en
aquella lengua. Lo mismo ocurrió con el náhuatl, en México, hacia la misma
época, mientras que, en relación al guaraní
del
Paraguay
, entró en vigencia a partir
de 1603.
LOS PRECURSORES. Los primeros estudios serios
sobre los idiomas amerindios pertenecen a los religiosos. Y resulta
sorprendente la cantidad de trabajos lingüísticos que se publicaron para uso,
casi exclusivo, de unos pocos cientos de misioneros.
Mencionaré a los precursores en los estudios
de las ”lenguas generales”: el náhuatl, el quechua, el aymará y el guaraní.
Unos de los primeros diccionarios bilingües,
que pueden considerarse también más completos, fue publicado por el franciscano Fray Alonso de Molina. El
mismo se titulaba ”Vocabulario en lengua castellana y mexicana”
(español-náhuatl) y apareció, en México hacia 1571. Diccionario que, pese a los
siglos transcurridos,
como afirma
Jacques Lafaye (1984), ”es todavía hoy día obra de
referencia obligada para los historiadores que quieran interpretar manuscritos
en náhuatl clásico”.
Para el quechua los primeros trabajos
pertenecen, con seguridad, a Domingo de Santo Tomás, quien hizo conocer, en
1560, su ”Gramática o arte de la lengua general de los indios de los Reynos del Perú” y el ”Lexicón o Vocabulario de la lengua
general del Perú”. De su actualidad para el estudio
del
quechua nos da una idea el hecho de que los mismos fueron editados, en 1951
(edición facsimilar), por le Universidad de
San Marcos,
Lima
(Alfredo Torero, 1983).
El jesuita italiano Ludovico Bertonio, hacia 1603, publicó en Roma ”Arte breve de la
lengua aymará” y ”Arte y gramática muy copiosa de la lengua aymará”. Bertonio, que vivió durante treinta años junto al lago Titicaca, en Juli, nos legó en
total siete obras en aymará o sobre esa lengua. De su obra nos dice Xavier Albo
(1984): ”Muy particularmente su vocabulario, sigue siendo hasta hoy una de las
principales pistas de conocimiento de la cultura aymará original”.
La obra más extensa de todas y la que aparece
más tarde, pertenece al padre Antonio Ruiz de Montoya: ”Tesoro de la lengua
guaraní”, publicada en
Madrid hacia
1639, texto notable por su aporte al guaraní jesuítico. Le siguió su ”Arte y
vocabulario de la lengua guaraní”, 1640, impreso también en España.
¿Qué importancia tiene la obra de Montoya
para el guaraní actual? Félix de Guarania, en Correo Semanal del
10/11 de marzo de 2001, se queja por la proliferación de neologismos en el
guaraní paraguayo. Debido a esa situación, aconseja que, además de investigar
la lengua viva, también habría que hacerlo, al mismo tiempo, en los documentos
antiguos: Montoya, Yapuguay y otros, todavía ”insuficientemente conocidos y
estudiados”. De esa manera
podría volverse a las fuentes, evitando la intromisión de ”elementos espurios”
para expresar palabras actuales que no existían en el guaraní.
Bartomeu Meliá (1992) asegura que la política
lingüística seguida por los Habsburgo ”habría sigo
generalmente de respeto a las lenguas nativas”. Pero, en contrario, Carlos III,
el liberal e ilustrado, deseaba que se llegara a utilizar, de una vez por
todas, el castellano como idioma obligatorio, decretando la extinción de las
diversas lenguas en uso. Ahora, añade, los ilustrados harán tabla rasa ”de una
historia lingüística y de una literatura en lenguas indígenas que se podría
considerar una de las mayores glorias de la política española en América”. Por
mi parte, señalo que los criollos prosiguieron y aun profundizaron esa actitud
represiva, propia de la última época colonial, salvo durante el corto lapso emancipatorio, cuando se publicaron manifiestos expresados
en los principales idiomas amerindios.
En el marco
del
actual avance de los principales idiomas indoamericanos,
creo que esos diversos diccionarios y gramáticas creados por los misioneros son
un legado perdurable para la emergente civilización sudamericana.
(x)
Del diario ÚLTIMA HORA (El
Correo Semanal), 3-4 de enero de 2004 (
Asunción,
Paraguay
).
Link a la obra de Luciano Pablo Grosso: http://www.cecies.org/imagenes/edicion_354.pdf
(x) Arte Indígena del Paraguay.
Cortesía del Museo Andrés Barbero: Avda. España 217, Asunción
Paraguay

ANALES DEL PAIS DE JAUJA
Agonía
del
guaraní (x)
Mientras los
profesores de guaraní se afanan en inventar palabras que después nadie va a
pronunciar, el pueblo crea constantemente nuevos vocablos y locuciones para
satisfacer sus necesidades de comunicación. En las calles, en los mercados, en
las cárceles, hay todo un idioma en proceso de elaboración, en una lucha tenaz
por sobrevivir. Un idioma que se rehúsa a perecer, que "agoniza", en
el sentido de Unamuno, quien emplea la voz agonía en
su sentido etimológico: el de lucha por sobrevivir, por prevalecer en un mundo
hostil. El de la
resistencia a la
muerte.
Es eso lo que hace el guaraní. Sobrevive a la
lluvia de idiotismos de la televisión, a la tempestad de mexicanismos,
venezolanismos y porteñismos. Resiste en sus reductos, en sus últimos
santuarios, en sus fortalezas acechadas por mil amenazas. Hasta ahora lo ha
logrado, con heroísmo. Hasta ha podido incorporarse después de los duros golpes
que recibe de los profesores, que han inventado un idioma de laboratorio que no
habla nadie. Salvo ellos, claro. Lo único que han conseguido es llenar de
pesadillas el sueño de los padres que deben ayudar a sus hijos a completar sus
lecciones para el día siguiente. Quien esto escribe ha pasado por esa tortura
china.
Sin embargo, hay una serie de palabras y expresiones populares de aparición
reciente. Tal vez tendrán corta vida, tal vez las sustituirán
otras. Veamos
algunas. Desde hace algunos años, el "amóntema"
se ha incorporado al lenguaje popular, hasta el punto de designar a un
montepío. Ahora, para significar la entrega de dinero, ya no se dice "ame’éta ndéve", sino "ajapíta ndéve" (te lo
arrojaré), expresión que, según Feliciano Acosta, tiene origen misionero. O, en
tren de confidencia, cuando se comparte una verdad, se dirá: "nde reikuapavoi" (ya lo
sabes todo). O un "jaikuaa upéa"
(ya lo sabemos). O un "umícha", que
podríamos traducir temerariamente
como
"algo así".
Ni hablar
del famoso "ijetu’u", para definir algo que es conflictivo o
complicado. En el hampa, "jyva" (brazo)
designa al policía, brazo de la ley y no pocas veces compinche de fechorías. Quién
no ha escuchado el "ere eréa",
como
una muletilla infaltable en la conversación, que quiere decir algo así
como
"dígase lo que se diga". Aclaro que las explicaciones son
connotativas; es decir, buscan descifrar el sentido y no la traducción literal
que puede ser incomprensible. Pido disculpas a mis amigos eruditos,
como
Feliciano Acosta Alcaraz y Carlos Martínez Gamba y Lino Trinidad, por estas
improvisaciones.
Hay locuciones pintorescas que inundan el escenario
del
lenguaje popular. Veamos, por ejemplo, un "hendy kavaju resa", que
indica que las cosas están muy mal. ¿A quién se le ocurriría una traducción
literal, que nos daría esta frase sin sentido: "Se encienden los ojos
del
caballo"? O las inevitables comparaciones, recurso
del
pueblo para explicarse con más claridad, en un idioma que huye
del
discurso lógico de los atenienses. Veamos: "chipa tinguéicha he" (delicioso
como la punta de
la chipa).
Moraleja. El guaraní sigue resistiendo, sigue "agonizando" bajo el bombardeo
del lenguaje de los culebrones
caribeños y de los idiotismos porteños. Tal vez, con un
poco de ayuda, su resistencia podrá ser más airosa. Así seguirá ocupando el
lugar que ha cumplido a lo largo de los siglos: un elemento clave de nuestra
identidad cultural. Un elemento que le da un sentido preciso al hecho de ser
paraguayos, sin necesidad de echar mano de chauvinismos ridículos ni de mitos
irracionales,
como el que pretende un idioma petrificado,
puro e intocable
como una virgen
vestal, inexpugnable a los vientos de la historia. De lo contrario, amóntema.
helio@abc.com.py
Helio Vera
(x)
Del diario ABC COLOR (
Asunción,
Paraguay
, Domingo 06 de Agosto de 2006)

EL
NOVECENTISMO
PARAGUAYO,
DE
RAÚL AMARAL
Hombres e ideas de una generación
fundamental
del
Paraguay
(x)
En el campo poco explorado de la historia de las ideas en el
Paraguay y de la contribución de los pensadores, don Raúl Amaral nos lega como una suerte de testamento intelectual esta valiosa contribución
bibliográfica.

|
Él señala que "el
Novecentismo ha querido ser o significar, en el Paraguay, la renovación de
modos de vidas, de sistemas de orientación intelectual y por sobre todo un
método distinto para enfocar los desencuentros de la historia, latentes aun a
30 años de terminada
la Guerra
de
la Triple
Alianza".
Esta reedición ampliada tiene el formato de un típico libro de texto para
estudios secundarios y terciarios con presentaciones de datos biográficos y
cronológicos, además de listados de protagonistas, autores y textos vinculados. El autor
mismo confiesa que los trabajos fueron "preparados a lo largo de más de
tres décadas" en forma de estudios, ensayos o conferencias; de lo que se
desprende que se trata de una rica compilación que aporta nuevas luces al
respecto.
Maestro de los novecentistas fue Cecilio Báez,
jurista erudito, autor de obras históricas y sociológicas, rector de
la
Universidad Nacional de Asunción y diplomático. Arsenio López Decoud, autor del monumental Álbum Gráfico de
la
República del Paraguay, edición del Centenario de
la
Independencia; Manuel Domínguez, destacado catedrático, periodista y político;
Manuel Gondra, el estadista -cuyo nombre decoró una
Convención Interamericana de Derecho Internacional-, profesor y político,
aunque más exitoso en lo primero; Fulgencio R. Moreno, escritor, político y
hombre de la cátedra como todos los de su tiempo; Blas Garay, primer historiador
paraguayo que acude a las fuentes de los Archivos de Indias para sus estudios
sobre el Paraguay; Eligio Ayala, el gran estadista y propulsor de una economía
floreciente, mientras el resto del mundo se debatía en una gran depresión;
Ignacio A. Pane, escritor, catedrático y sociólogo;
Juan E. O'Leary, historiador, periodista y
catedrático, Eloy Fariña Núñez, poeta; y unos pocos extranjeros como Rafael Barrett, Guido Boggiani, Viriato Díaz Pérez, José Rodríguez Alcalá.
Todos ellos fueron líderes intelectuales
del
renacimiento paraguayo, siguiendo a la postración de
la
Guerra contra
la
Triple Alianza. Fueron los resultados concretos de las políticas educativas de
los primeros gobiernos a través
del
Colegio Nacional de
la
Capital (1877) y
la
Universidad Nacional de Asunción (1889).
El Prof. Amaral dedica un capítulo al novecentismo, arielismo y aprismo
en la intención de encontrar el contexto latinoamericano, y aprovecha para una
rápida referencia a José Enrique Rodó, a Rubén Darío y a Víctor Raúl Haya de
la
Torre. Para indicar que los paraguayos estaban al tanto y al día con las
principales
corrientes
del
pensamiento latinoamericano, el libro trae unos cuadros informativos
interesantes sobre el relevamiento generacional y un
listado casi completo de los novecentistas y los años
de sus publicaciones, incluyendo obras inéditas. Este quizás sea el compendio
más completo disponible a los estudiosos para un conocimiento de los autores
del novecentismo, y a la lista original se agregan
Juan Francisco Pérez Acosta, Eusebio Ayala, Silvano Mosqueira,
Ramón I. Cardozo, Gualberto Carduz Huerta, Ricardo Brugada y Martín de Goicochea Menéndez, entre otros. Igualmente, Amaral en otro cuadro presenta como precursores del novecentismo a don Ramón Zubizarreta, Teodosio González, Delfín Chamorro, Victorino Abente y Lago, y Alejandro Audivert.
Nuestros pensadores también se inscribieron en la dialéctica
tradición/modernidad. En cuanto a modernidad, el significado principal
del termino es la modernidad
como
época. Ciñéndonos a Torcuato Di Tella desde una
perspectiva histórica, el advenimiento de la modernidad -es decir del conjunto
de atributos que se consideran propios del mundo moderno- "remite al largo
proceso y a la diversidad de fenómenos y acontecimientos que desde el S. XVI erosionaron
en Europa el orden cristiano medieval. La ampliación del mundo conocido a
través de los viajes y descubrimientos, exploración y conquista de territorios extraeuropeos hasta abarcar el planeta entero; la formación
de un mercado mundial y el incremento de la producción orientada al intercambio
mercantil provocando la innovación incesante de los medios de comunicación y
transporte; aparición de la nueva ciencia de
la
Naturaleza, el llamado "giro copernicano" del saber, que acompañará
el giro antropocéntrico que dominaría el discurso filosófico, la formación de
los primeros Estados nacionales europeos de tipo burocráticos absolutistas, la
forma de producción que se consolidara con el surgimiento de
la
Revolución Industrial en Inglaterra".
"Europa se tornó moderna en el curso de los siglos
XVIII y XIX. Fue
en ese periodo a través de vicisitudes que incluyeron revoluciones y guerras
así como impulsos restauradores -con el triunfo del capitalismo como modelo de
producción dominante y el reemplazo del absolutismo como repúblicas liberales o
monarquías constitucionales-, cuando se produjo la ruptura neta con el tipo de
sociedad que las Ciencias Sociales llamarían más adelante tradicional". Si
bien la modernidad tuvo sus matrices autóctonas en la sociedad y la cultura
europeas, la lógica expansiva de esas matrices afectaría a las sociedades y a
las culturas del planeta entero a través de formas coercitivas o inducidas.
De cualquier modo, impuesta o propuesta y elegida por las elites, la
universalización de los principios constitutivos de la modernidad no tuvo en
todas partes los mismos resultados y los mismos frutos. El movimiento de la
modernidad involucrará poblaciones y territorios remotos y dispares entre sí,
en algunos casos simplemente por los recursos económicos que proporcionaban y
sus efectos, aunque con desiguales consecuencias, atravesarán las fronteras
étnicas y geográficas, de clase y de nacionalidad de religión y de ideología. Algunos
de los signos distintivos de la sociedad y la vida "moderna" serían:
Sistema capitalista de producciónindustrialización y
democracia.
La ciudad, la gran ciudad, la metrópoli constituía el espacio por excelencia de
la modernidad, de su cultura y los movimientos intelectuales y artísticos,
también escenario de los movimientos de masas modernos, organizaciones sociales
y políticas, cuyas luchas ampliarían el campo de la ciudadanía y sus derechos. También
las ideas y esquemas interpretativos acerca de la modernidad misma, suscitan
reflexión intelectual.
La primera reflexión interpretativa surge en el siglo
XVIII en Europa:
La
Ilustración. Su eje es la idea típicamente moderna de el "progreso"
entendido como mejoramiento creciente y general en todos los planos de la
existencia de la humanidad. Los modelos de la antigüedad grecolatina ya no
representaran arquetipos a imitar. La historia
como
empresa humana iluminada por la razón, incrementará el saber y la justicia
entre los hombres los que superarán los prejuicios.
Posteriormente las Ciencias Sociales estarán animadas a definir
"leyes" generales que regirían el cambio en la marcha hacia la
sociedad moderna (por ejemplo la sociología de matriz positivista). Solo en las
últimas décadas
del siglo XIX
comienzan a proponerse cuestionamientos a la modernidad. Federico Nietzsche le dio su primera formulación poderosa y de
amplio eco cultural a una crítica radical a las certidumbres que formaban parte
de la modernidad en expansión. Para él, la consumación de la crítica
antirreligiosa de
la
Ilustración con la "ausencia" del Dios cristiano significaba el
derrumbe de la moral que derivaba de esta religión y todos los fundamentos que
le habían conferido un sentido a la relación del hombre con el mundo. La idea
de progreso resultaría erosionada por esa crítica llevada hasta el final, ya
que la historia no realiza ninguna meta "preestablecida".
Max Weber por otro lado,
habla
del mundo moderno
como
un mundo "desencantado" despojado de sus elementos mágicos (el
encantamiento) de origen religioso, la realidad mundana carece en sí misma de
otro sentido que no sea el que le atribuyen los hombres, en función de valores
que disputan entre sí. La modernidad occidental que ha llevado adelante este
proceso secularizador no es el resultado de una evolución de la humanidad, sino
el producto de una mutación cultural en el interior de una civilización
particular, cuyas raíces se remontan a la antigüedad grecolatina y al legado
judío. Y hay otras teorías al respecto.
El libro hace alusión al arielismo, que toma su
nombre de la obra de José Enrique Rodó
como
la manifestación de un cambio, de un quiebre en varios sentidos. Señala el
profesor Eduardo Devés que en el nivel de las ideas,
Ariel establece una demarcación tajante entre aquello que retrata
como
filosofía de fin de siglo (XIX) y la que sostiene
como
opción. Ariel se publica el último año
del
siglo XIX y es un manifiesto antiutilitarista que
apunta a la cultura, a la razón y al sentimiento por sobre un "canibalismo
positivista y norteamericano que achataría a los seres humanos".
Es un llamado a la juventud para aliarse en una cruzada que supere el afán
"positivista" y se trata de la formulación de un modelo identitario de reivindicación, defensa e, incluso,
exaltación de la manera propia de ser, la latina, por valores, idiosincrasia
cultura y etnia en contraposición a la generación finisecular (XIX) que se
definía por la "nordomanía" identificación
de un modelo extraño. El ideario se sintetiza en Ariel a partir de un
espiritualismo, lucha contra el utilitarismo, sus reservas de ciertas formas de
democracia, y de la inmigración, su crítica a la imitación y la exaltación de
las humanidades y la latinidad.
Ariel triunfante significa idealidad y orden en la vida,
noble inspiración en el pensamiento, desinterés en moral, buen gusto en arte,
heroísmo en la acción, delicadeza en las costumbres. Valores que
corresponden a una posición humanista que se identifica con lo latino, con lo
propio, versus lo sajón, especialmente en su versión estadounidense. La
concepción "utilitaria"
como idea
del
destino humano. Rodó (caricaturizando) cuestiona una serie de tópicos que
caracterizaron el pensamiento más difundido a fines
del
siglo XIX en América Latina: positivismo, utilitarismo, inmigración, modelo
sajón, imitación de los países ricos. Y sostiene que los partidos conservadores
se adhirieron a la tradición y a la herencia españolas,
tomándolas no como cimiento ni punto de partida, sino como fin y morada.1
Evidentemente la intervención norteamericana en
la
Guerra de Cuba, en 1898, había despertado la conciencia hispánica a ambos lados
del Atlántico. En España,
la
Generación del 98; en América, el uruguayo José Enrique Rodó publicó este
influyente ensayo Ariel, exaltando la espiritualidad latinoamericana. Rubén
Darío, nicaragüense, hizo lo propio en poesía y se lo considera el máximo poeta
modernista de nuestra lengua. Sintetizó el formalismo parnasiano y el ritmo
simbolista.2
BEATRIZ GONZÁLEZ DE BOSIO
1- Devés Valdes,
Eduardo. Del Ariel de Rodó a
la
CEPAL 1900-1950. Editorial Biblos, 2000.
2- César Alonso de las Heras y Juan Manuel Marcos. Curso
de Literaturas Hispánicas, FVD Tomo
(x)
Del diario ABC COLOR (
Asunción,
Paraguay
, Domingo 27 de Agosto de 2006
ACOTACION DE FA-RE-MI :
Don Raúl Amaral falleció el 3 de diciembre de 2006, en Asunción (Paraguay). Había nacido en Buenos Aires (Argentina), el 25 de Mayo de 1918.

Sería imperdonable
que cayese en el olvido un intelectual y un ser humano excepcionales
Digna
recordación a don Arturo Alsina (x)
Alsina perteneció a una generación de
autores fundacionales de la dramaturgia paraguaya que se esforzaron por superar
un medio difícil, hostil incluso en la década
del
20
por: Alcibiades González Delvalle
-Periodista-

Alturo Alsina
Ya hemos leído y seguiremos leyendo, las
opiniones de los especialistas acerca
del
movido año que se acaba. La economía y la política centran la atención de
los expertos que se mueven, en general, con moderado optimismo
como
hace tiempo no se veía. Hay razones para reverdecer las esperanzas.
Veremos hasta dónde llegan las autoridades nacionales –Gobierno y
oposición- en el intento de sacar al país de su antigua postración.
Entre los muchos casos destacables, queremos
detenernos en las dos excelentes ideas –que se funden en una- de Arlequín
Teatro, encabezado por José Luis Ardissone: reconocer
la tarea de los teatristas y distinguir el nombre
del
dramaturgo don Arturo Alsina.
El pasado lunes se premió a quienes, en
opinión
del jurado, realizaron este año una labor
merecedora
del Premio Arturo Alsina, primera edición. Es posible que para muchos,
incluso teatristas, el nombre de uno de los grandes
dramaturgos les resulte casi o totalmente desconocido. Esto es así porque los
elencos generalmente prefieren obras paraguayas inéditas para llevarlas a
escena. Suelen mirar de reojo la pieza que ya fuera estrenada. Parece
como
si les resultara anacrónica cuando otro elenco la había llevado a escena. No
caen
en la cuenta de que no hay obra nueva ni vieja, actualizada o desactualizada, sino puestas imaginativas o vegetativas;
inteligentes o torpes. Un buen director, ya lo dijo alguien, es capaz de hacer
atractiva la guía telefónica.
En el Paraguay trazó su
obra. Arturo Alsina, hijo de padres catalanes, nació en la provincia argentina
de Tucumán en 1897 y muere en Asunción en 1984. Adolescente viene al Paraguay,
donde – al decir de Rául Amaral- ”se hizo hombre…donde ha trazado su obra y
fundado un hogar, y de cuya historia intelectual nadie podrá separarlo”. Y agrega: ”Argentino, sí, pero no se
alarmen –
como dijera con picardía cordobesa Goycochea Menéndez a principios de siglo (del XX)-, tanto
como Fortunato Toranzos Bardel, Juan R. Dahlquist y
Arturo Lavigne, por no mencionar sino a los
antecesores que alcanzaron a publicar libros. Como ellos, será desconocido, peor
aún: ignorado, no solo por los sectores culturales que desde las riberas
rioplatenses siguen mirando a Europa, y por los limítrofes, que no aciertan a
mirar a ninguna parte, sino por los representantes más o menos oficiales u
oficiosos de esa cultura –con una sola salvedad reciente-, que si ha desviado
la vista del ciudadano, al que prácticamente no se le tiene en cuenta con mayor
inconsciencia aparece cerrándola ante el escritor”. (Escritos Paraguayos I).
Las fundadas predicciones de Amaral, basadas en la experiencia, serán incummplidas en gran medida con el premio que lleva el
nombre de Arturo Alsina. Sería imperdonable que
cayese en el olvido –en la nada- un intelectual y un ser humano excepcionales
que ha dado a nuestra escena piezas como La marca de fuego, Evangelista,
Flor de estero, El derecho de nacer, Intruso, La llama flota, la sombra de la
estatua.
”La referencia, el gran modelo de Alsina siempre fue Ibsen –nos
dice Jorge Aiguadé- , pero la relación de Alsina con Ibsen no es la de un epigonismo servil. Lo sería si Alsina hubiera escrito en un país con larga tradición y amplia experiencia teatral,
copiando al maestro noruego solo por esterilidad, o por incapacidad para
penetrar en la realidad concreta circundante. Por el contrario, como se pudo
ver, Alsina se sirvió del modelo proporcionado por Ibsen, en un país desprovisto de tradición y experiencia,
para construir una obra que penetrase en la realidad y dialogase con ella de
manera más rica que en los estrechos moldes que imperaban en nuestro teatro.”
Los autores fundacionales. Alsina perteneció a una generación de autores fundacionales
de la dramaturgia paraguaya que se esforzaron por superar un medio difícil,
hostil incluso. En los inicios de la década del 20, con la perspectiva cierta
de un teatro paraguayo afianzado –desde 1915 comenzaron a estrenarse las
obras-, los dramaturgos se enfrentaron con dos serios problemas: la falta
de elenco y de sala. El Nacional tenía un concesionario más atento en
ganar dinero que enfrentarse a experimentos artísticos; y la otra sala, el Granados,
era de propiedad privada, con las mismas preucupaciones económicas que la anterior. Los otros sitios que pudieran albergar al teatro
estaban ocupados por la exitosa empresa cinematográfica.
Al mismo tiempo, comenzaron a escasear los
elencos provenientes
del exterior,
que daban a conocer las producciones locales. Los dramaturgos necesitaban de
actores paraguayos con quienes trabajar, pero resultaba una tarea ciclópea
conformar un elenco. Para los artistas no era una actividad rentable, y además
el sacrificio, independientemente
del
talento, más bien servía para que los críticos se mofaran de ellos. Generalmente
después de las primers funciones la compañia se desbarataba.
En el caso de las actrices la cosa era peor. No
ganaban un centavo, la crítica se les venía encima y por la ciudad corrían los
más sabrosos chismes sobre su moralidad.
En esta atmósfera se
venía trabajando. No obstante, había razones para esperar que los intentos
aislados y débiles vertieran en un movimiento vigoroso, hasta que en mayo de
1922, estalla una de las guerras civiles más sangrientas y prolongadas que se
extendería por 14 meses.
Con estos y otros obstáculos que
desanimarían a cualquiera, a los dramaturgos que venían estrenando antes
del
20,
como Demetrio Morínigo. Leopoldo Centurión, Aveiro Lugo, Ramos Giménez,
Ortiz Guerrero, se agregaron nombres como los de Luis A. Rufinelli, Miguel
Pecci Saavedra, Francisco Martín Barrios, Facundo Recalde, Roque Centurión
Miranda, Pedro Juan Caballero, Benigno Villa, Josefina Plá y desde luego,
Arturo Alsina, el más fecundo de todos ellos.
Entendemos que, en la
persona de Alsina, Arlequín Teatro distingue también a quienes –en esos tiempos
difíciles- se remangaron hasta los codos y se dieron a la tarea de cimentar una
dramaturgia paraguaya sólida.
(x)
Del
diario ÚLTIMA HORA (El Correo Semanal), 27-28 de diciembre de 2003 (
Asunción,
Paraguay
)

La ciudad en
que vivimos
Boggiani, fotógrafo en el Juán de
Salazar
ALGUNOS
PECADOS CAPITALES (x)
Mal conocido, discutido en los propósitos que
lo trajeron dos veces al Paraguay, pero admirado en su obra pictórica y
fotográfica, Boggiani quedó
como
una figura poco investigada en el
Paraguay
por: Juan Manuel Prieto
jmprietopy@yahoo.com

1.
India
Caduveo. Boggiani daba
énfasis a la pintura corporal
2.
India
Chamacoco. Los retratos captan las emociones
La exposición Boggiani, Fotógrafo llega a Asunción con cien años de atraso. Comenzaba el siglo
XX cuando el legendario artista, aventurero y etnógrafo italiano Guido Boggiani realizaba en las tierras del Departamento de Alto
Paraguay y el Nabileque brasileño una obra grandiosa,
cual fue la de retratar a las comunidades Chamacoco y Caduveo en fotografías que ya en su época causaban
asombro a los que tuvieron el privilegio de verlas. La trágica y hasta ahora no
esclarecida muerte lo sorprendió en plena tarea, cuando había llegado a una
cifra aproximada a los quinientos negativos.
Este valioso material se convirtió en un
controvertido botín y las fotografías, editadas primero
como
tarjetas postales en
Argentina
, fueron a parar a un museo
de Praga, capital de la actual República Checa. Mal conocido, discutidos en los própósitos que lo trajeron dos veces al Paraguay,
pero admirado en su obra pictórica y fotográfica, Boggiani quedó como una figura poco investigada en el Paraguay; sus restos, sin embargo,
quedaron en el Cementerio Italiano, y algunas pocas obras suyas se encuentran
en colecciones privadas y en el Museo Nacional de Bellas Artes. Una galería de
arte y una avenida asunceña, así
como un Museo en
San
Lorenzo llevan hoy su nombre.
Gracias a las intensas gestiones del
Instituto Museo ”Guido Boggiani” y al apoyo de
la
AECI,
la Embajada de España
y
la Embajada de
la
República Checa, el público asunceno tiene hoy la oportunidad única de
disfrutar de un amplio segmento de esta obra fotográfica. Se trata de una
selección de 90 fotografías que cubren totalmente el espacio de
la
Sala ”Goya” en el CCJS.
CON UNA DALLMEYER. Nacido en 1861, Boggiani llegó a los veintiséis años a Buenos Aires, y
pronto su curiosidad lo motivaría a remontar el río Paraguay hasta llegar a
Asunción; durante varios años la capital paraguaya sería su base para seguir
avanzando hacia el Norte, donde descubrió el arte plumado y las pinturas
corporales de chamacocos y caduveos,
dos manifestaciones culturales que lo impresionaría profundamente.
En su segundo viaje al Paraguay, en 1897,
trajo una valiosa cámara fotográfica con la que se abocó a la tarea de retratar
a los nativos con los que, durante su viaje anterior, había entablado una
amistad sólida. Boggiani, que ya traía un gran
prestigio
como pintor paisajista
festejado por la alta sociedad romana, dejó de lado el paisaje en la fotografía
y se concentró principalmente en los rostros.
Su experiencia fotográfica sorprendería a los
expertos, pues, a diferencia de otros que habían intentado hacer lo mismo en
otras culturas, Boggiani supo extraer de sus amigos
nativos una variedad de emociones que reflejan por igual orgullo y sensualidad,
firmeza, vanidad y nobleza. Algunos pecados capitales y virtudes no disimuladas rezuman los rostros de los antepasados de personas
que hoy pueblan Fuerte Olimpo, Karcha Bahlut, Puerto Diana y el Nabileque.
”Si todas las fotografías que he hecho
resultan buenas, esta colección tendrá apreciable valor”, escribía Boggiani en su diario. ”No solamente vendrá a conservar el
tipo de una tribu de las más interesantes histórica y etnográficamente que se
encuentran en vísperas de extinguirse totalmente, pero que quedará conservada
también en la memoria documentada de las extraordinarias aptitudes artísticas
en el arte ornamental, que la distinguen de modo especialísimo entre todas las
tribus de América del Sur”.
Casi minimalistas y muy actuales en su
composición, las fotografías agradan y sorprenden por su modernidad, y las ve
hoy un público asombrado, pero también deleitado ante
tanta
belleza y expresividad creativa. Ahora queda la gestión, ardua tal vez pero muy
válida, de conseguir que algún día vengan a quedarse definitivamente en el
Paraguay
.
(x)
Del
diario ÚLTIMA HORA (El Correo Semanal), 13-14 de diciembre de 2003 (
Asunción,
Paraguay
).

WILLIAM
PAATS
Un hombre multifacético (x)
Vino de un lejano país y se hizo paraguayo. En momentos en
que nuestro país buscaba restañar sus heridas derivadas de una genocida guerra
internacional, don William Paats fue uno de los
protagonistas principales de la recuperación moral de la sociedad paraguaya. Luego de una fecunda vida,
falleció en Asunción hace sesenta años, un 28 de agosto de 1946.

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Instructor de educación física, promotor de
diversas actividades deportivas, fundador de clubes sociales, empresario y
principal participante de toda actividad que tendiera al mejoramiento
del
nivel de vida de sus conciudadanos de adopción.
Como
tal, fue un conspicuo miembro de la fraternidad masónica y uno de los
integrantes ejemplares de esa corporación ecuménica.
De los Países Bajos al
corazón de América
Miembro de un antiguo linaje holandés, Friedrich Wilhelm Paats Hantelmann,
más conocido
como William Paats,
nació en
Rotterdam el 12 de enero de 1876, hijo de Antonius Joanes Henricus Paats, de profesión comerciante, y Catharina María Louise Hantelmann. El
matrimonio Paats Hantelmann también fue progenitor de otros hijos: Friedrich Georg Christian, Cornelia Marie Dorotea, Catharina Marie Louise y Marie Henriette Martha Paats Hantelmann.

|
William Paats vino muy
joven al Paraguay. Apenas tenía 18 años cuando se embarcó rumbo a América, pues
le había sido recomendado por los médicos residir en países como el nuestro,
para mitigar una dolencia respiratoria. A instancias de un tío suyo (y
padrino), también llamado William Paats, cónsul de su país en Buenos Aires,
desembarcó en
la Argentina,
pero poco después vino al Paraguay, invitado por don Enrique Plate, gerente del
Banco Mercantil de Asunción. En la capital paraguaya, donde se afincó a partir de 1894,
don William pronto se destacó
como perito mercantil y
contador (justamente
del Banco
Mercantil), además de traductor público, pues dominaba ampliamente más de media
docena de idiomas.
Un nido itaugüeño

|
En el Paraguay, el joven y
dinámico holandés fue flechado por Cupido, cayendo rendido a los pies de una
joven paraguaya llamada Martina Rodríguez, con la que tuvo una hija que se
llamó Margarita, quien, a la muerte de su madre en 1903, se crió y vivió en
Holanda con sus abuelos paternos. Poco después, otro flechazo de Cupido unió la
vida del joven William con otra paraguaya, doña Matilde Melián Chiapi, con
quien se casó el 17 de julio de 1904 en la iglesia de Itauguá.
William y
Matilde iniciaron el linaje de los Paats en el país,
y ya van por las cinco generaciones integrando la sociedad paraguaya.
Un joven dinámico

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Desde joven, William Paats
se destacó en todo lo que hacía, y todo lo que emprendía tenía el sello de su
dinamismo y entusiasmo. Esta característica no pasó desapercibida para muchos y,
viendo en el joven holandés el ímpetu de un promotor de actividades tendientes
al mejoramiento de la sociedad en la que se desempeñaba, pronto fue invitado a
integrar la fraternidad masónica, pues se veía en él a un fervoroso constructor
de la sociedad.
Así, el 4 de julio de 1899, William Paats, entonces
con 23 años, era iniciado en los secretos de la masonería, hermandad de la que
llegó a ser uno de sus grandes maestros. Además de dedicarse a las tareas
profesionales y al comercio, formando una sociedad con el señor Lapierre, que fue una de las más importantes firmas
comerciales de principios
del siglo
pasado.
William Paats se dedicó a la docencia, especialmente
en el área de la instrucción física.
Como
tal, impulsó la práctica de una entonces novedosa disciplina deportiva, recién
llegada al país de la mano de los técnicos ingleses del Ferrocarril: el fútbol. Fue don William el organizador del primer partido de
fútbol disputado en Asunción, el 23 de noviembre de 1901, entre los equipos
formados con alumnos de
la
Escuela Normal de Maestros. El primer partido de fútbol disputado en el país
tuvo lugar meses antes en el pueblito guaireño de Borja, entre funcionarios
ingleses y paraguayos de la empresa ferroviaria.
Para aquel primer partido de fútbol asunceño, don William mandó traer de Buenos
Aires una pelota y un inflador.
Fundador de clubes

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Entusiasta de todas las actividades
integradoras, el nombre de William Paats está muy
unido a la historia de muchas entidades de las más diversas características de
nuestro país. Así, fue fundador del club Olimpia en 1902 y miembro fundador de
la
Liga Paraguaya de Fútbol, entidad matriz del fútbol paraguayo que acaba de
cumplir su primer centenario y cuya presidencia asumió el 13 de agosto de 1909.
En 1912, en momentos en que la sociedad paraguaya restañaba sus heridas en una
de las tantas luchas fratricidas, el señor Paats fue
uno de los principales fundadores de
la
Asociación de Boy Scout
del
Paraguay
. Unos años después, el 26 de
junio de 1921, fue el fundador
del Club Deportivo de Puerto Sajonia, entidad que, poco
después, presidió y fue uno de los promotores de la unificación con otro club
deportivo de entonces, el Piraveve. También participó
de la refundación del club Libertad, y le tuvieron entre sus fundadores, el Touring y Automóvil Club del
Paraguay, en 1924, y
la
Asociación Cristiana de Jóvenes, en 1943.
Durante la guerra paraguayoboliviana fue uno de los
más conspicuos miembros de
la
Legión Civil Extranjera, benemérita institución integrada por ciudadanos
extranjeros radicados en el Paraguay y que mucho hizo ayudando al Gobierno
nacional en la defensa del suelo chaqueño.
En el Paraguay, William Paats también ejerció
funciones consulares, representando a los Países Bajos. Luego de una prolífica
actuación en nuestro país, en la mañana
del
28 de agosto de 1946, don William Paats falleció en
Asunción, a los 70 años de edad. Como muchos otros de su tiempo, don William
supo honrar el cobijo que le dio su patria de adopción, constituyéndose en
digno ejemplo para los propios paraguayos, en estos días en que tanta falta
hace ciudadanos con sentimientos patrióticos.
(x)
Del diario ABC COLOR (
Asunción,
Paraguay
, Domingo 27 de Agosto de 2006)

Arte y espectáculos
‘‘MANCUELLO
Y
LA PERDIZ’’, EN
LA
BIBLIOTECA POPULAR DE EL LECTOR Y ABC COLOR
Villagra Marsal, en una obra de "claros valores literarios" (x)
"Mancuello y la
perdiz" es un libro "de claros valores literarios y de límpida ética,
un texto muy apropiado para escuelas y colegios", señala Adriano Irala
Burgos en un análisis crítico de esta obra de Carlos Villagra Marsal que será
lanzada al público el próximo domingo, con el ejemplar de nuestro diario.

|
Carlos Villagra Marsal es el autor de ‘‘Mancuello y la
perdiz’’ que este domingo se edita dentro de la colección Biblioteca Popular
de Autores Paraguayos. |
Por otro lado, ayer se
presentó "Anahí" dentro de la colección infantil Conociendo me
Divierto, en base a una historia original de Osvaldo Sosa Cordero, un
correntino enamorado del Paraguay e instalado en Buenos Aires desde fines de la
década de los años 20 del siglo pasado, demostró su afecto a nuestro país
componiendo varias guaranias famosas. De todas ellas, la más conocida es
"Anahí", la historia de la "indiecita fea de la voz tan dulce
como el aguaí", la "reina guaraní" sacrificada en defensa de su
pueblo.
Esta
historia, inventada por Sosa Cordero, fue adaptada ahora por Raúl Silva Alonso
y convertida en un cuento para los niños lectores.
Este
bello volumen cuenta con las magníficas y coloridas
ilustraciones
del talentoso Juan
Moreno, sobre un diseño de Marcos Condoretty. La guía
de trabajo fue elaborada por Carlos Solano López. Este es el quinto volumen de
la colección infantil que este año está dedicado primordialmente a una temática
paraguaya, tanto en cuentos, folclore, mitos, leyendas, valores, ecología, etc.
Esta nueva edición de "Mancuello y la
perdiz" forma parte de
la
Biblioteca Popular de Autores Paraguayos, excepcional emprendimiento
bibliográfico de
la
Editorial El Lector y el diario ABC Color. Constituye el décimo título
publicado en esta colección, a partir
del
25 de junio pasado.
Cerrando sus conceptos sobre "Mancuello y la
perdiz", Irala Burgos apunta que "mediante él sus lectores pueden
crecer humanamente, en inteligencia, en libertad y en solidaridad".
Por su parte, Ramiro Domínguez expresa que la obra que publicaremos el domingo
es "un texto que ya está por propio derecho en la historia de nuestras
letras, y estimo que aún no se ha dicho lo más concluyente en cuanto a la
trascendencia de una obra que ofrece perfiles de innegable originalidad, y ha
roturado un campo de configuración, e incluso de expresión estética, muy
fecundo a quienes arriesguen hacer su propia siembra en pro de la narrativa
paraguaya".
Otra gran figura de nuestra cultura nacional, Gonzalo Zubizarreta-Ugarte,
expresó en su momento que "en Mancuello y la
perdiz, Carlos Villagra Marsal nos propone, mediante una alegoría y un experimento lingüístico, una
interpretación del drama del Paraguay".
Elvio Romero, el gran poeta paraguayo cuyo libro
"De cara al corazón" hemos publicado días pasados, afirmaba en una
nota enviada al propio Villagra Marsal que "la exacta medida del tiempo, logradísima, el encanto de la historia
misma, y sobre todo el procedimiento creo que consiguen una hermosa obra".
Agregaba Elvio en aquella nota particular que
"ese procedimiento puede ser el único que resuelva el ya tan manoseado
problema de nuestro bilingüismo, y no creo equivocarme en afirmar que futuros
narradores trajinarán por ese camino y no podrán pasar por encima de este
pequeño libro tuyo, precursor,
bello
y cargado de poesía".
BIBLIOGRAFIA DE VILLAGRA MARSAL

|
Ayer salió a
la venta ‘‘Anahí’’, de la colección infantil
Conociendo me Divierto. |
Esencialmente poeta, Villagra Marsal, que pertenece a la promoción del 50 integrada
por poetas tan intensos y personales como José-Luis Appleyard (1927-1998), Ricardo Mazó (1927-1987), José María
Gómez Sanjurjo (1930-1988), Rodrigo Díaz-Pérez
(1924-2003), Ramiro Domínguez (1930), Rubén Bareiro Saguier (1930), publicó su primer poemario en 1974 en
Asunción bajo el título de "Antología mínima".
En 1979 publicó su segundo poemario, "Guarania del desvelado", en
Buenos Aires
por
la Editorial
Losada (segunda edición en 1984). "El júbilo difícil", su tercer
libro de poemas, vio la luz en Asunción en 1995 y en 1997 en una edición
destinada a las bibliotecas escolares.
En 1991 editó "Papeles de última altura", una selección de sus
artículos, ensayos y traducciones de poetas griegos. En 1986 y 2003, en audiocasetes y disco compacto, publicó su "Cantata del
pueblo y sus banderas torrenciales", con música de Carlos Noguera. Con su
colega y amigo Rubén Bareiro Saguier seleccionó y estudió críticamente la poesía paraguaya del Siglo XX ("Poesie paraguayenne du XXeme Siecle"),
editada en Ginebra por las Editions Patiño, 1990, por
la misma editorial, y en edición trilingüe (guaraní, español y francés),
publicó con Rubén Bareiro Saguier la antología "Poesie Guaranie".
Decenas de artículos y ensayos críticos, comentarios bibliográficos y
entrevistas publicó Villagra Marsal a lo largo de los años en revistas literarias y periódicos de América, Europa y Africa. Ha escrito numerosos prólogos, reseñas y
otros textos críticos con agudeza y penetración.
Textos suyos en prosa y verso han sido incluidos en más de docena y media de
libros antológicos publicados en muchas partes
del
mundo. Ha sido traducido al inglés, francés, alemán, italiano, portugués y
árabe.
La presente edición de "Mancuello y la
perdiz" para
la
Biblioteca Popular de Autores Paraguayos lleva una introducción analítica a
cargo de Francisco Pérez-Maricevich, quien igualmente
elaboró la guía de trabajo inserta al final
del
libro, con una propuesta de ejercicios destinados a promover una mejor comprensión
de lo leído.
(x)
Del diario ABC COLOR (
Asunción,
Paraguay
, jueves 24 de Agosto de 2006)

GRAN
INTERES ANTE
LA
APARICION DE ‘‘
ANGOLA
Y OTROS CUENTOS’’ (x)
Helio Vera es considerado
como
un maestro narrador
La Biblioteca Popular de Autores Paraguayos
de El Lector y ABC Color lanzará al público, el próximo domingo, "
Angola
y otros cuentos", uno de los libros más impactantes de la cuentística
paraguaya. Su autor, Helio Vera, es considerado por los principales estudiosos
de nuestra literatura
como "un
verdadero maestro" de la narrativa.

|
Ilustración de Juan Moreno que se utiliza en la tapa de
‘‘Angola y otros cuentos’’, tercer volumen de la colección Biblioteca Popular
de Autores Paraguayos. |
Tanto Osvaldo González
Real, autor del prólogo de la primera edición de "Angola", como
Ramiro Domínguez, prologuista de la segunda edición de dicha obra, expresan
elogiosos comentarios respecto al texto y, específicamente, sobre la calidad
del escritor, que debutó en el género narrativo con esa estupenda selección de
cuentos.
Otros laudatorios comentarios hacia Helio y su condición de narrador son
expuestos por Francisco Pérez-Maricevich en la introducción analítica de
"Angola", en la edición especial de El Lector que circulará este
domingo con el ejemplar de nuestro diario.
Dice Pérez-Maricevich: "El plural talento de Helio Vera es en la narración
breve donde despliega su robusta capacidad de invención imaginativa. Capaz de
elaborar vivaces descripciones de eventos sórdidos (como en ‘Angola’, ‘Kambá
ra’angá’ y otros), es también hábil creador de atmósferas que capturan
experiencias genuinamente populares, en el sentido de propias de la cultura
paraguaya (como, entre otros, ‘Regino’, ‘La consigna’)".
Este volumen lanzado por El Lector con la distribución de ABC Color consta de
un total de siete cuentos: "Angola", "La consigna",
"La entelequia", "Póra", "Regino", "Kambá
ra’angá" y "Destinadas". Se incluye también la introducción de
Pérez-Maricevich, con un profundo análisis del autor, y una Guía de Trabajo
destinada especialmente a los jóvenes estudiantes, para una mejor comprensión
del texto y como base para trabajos prácticos que se pueden desarrollar en el
aula, con los profesores, en los hogares.
"
LA CONSIGNA"
Uno de los cuentos que componen el libro que aparecerá el domingo próximo es
"La consigna". Leemos a continuación el análisis que hace
del
mismo, el escritor y crítico literario Osvaldo González Real.
"En ‘La consigna’ tenemos un ejemplo acabado de la maestría con que Helio
Vera utiliza los acontecimientos más sobresalientes de nuestra historia, y
aprovecha los mitos autóctonos y sus conocimientos de la fauna y flora locales
para crear un discurso literario de gran verosimilitud e intensidad emocional. Esta
narración nos recuerda las mejores
del gran artífice de
la literatura paraguaya, Augusto Roa Bastos, en su manera efectiva y funcional
de manejar ciertos giros
del lenguaje
para lograr una atmósfera preñada de significación. La consigna que Regalado Montiel debe cumplir -por mandato supremo- marca su destino
de soldado y de patriota más allá de la muerte. Esta concepción casi mítica de
la historia de nuestro pueblo tiene su antecedente en la técnica narrativa de
‘Yo el Supremo’ y ha sido muy bien aplicada en este relato. La convergencia de
distintos sucesos -reales o ficticios- se centra sobre el núcleo fundamental
del
cuento, utilizando diversos recursos retóricos: simetría, anáforas,
paralelismos, para lograr una magnífica amalgama de lo oral y lo literario. Aunque
‘La consigna’ es una obra de tesitura barroca -en relación con ‘
Angola
’-, no peca de exageración en cuanto al estilo y es un ejemplo de los diversos
registros manejados con soltura por el escritor. El periplo que recorre el
personaje alrededor de la intriga lo presenta
como
encarnación de la lealtad, virtud muy apreciada por los tiranos y los déspotas
-sean ellos ilustrados o no-, y muestran al héroe
como
víctima de un condicionamiento mortal. La historia de nuestra patria está llena
de personajes que, a la manera de Regalado Montiel,
han aprendido a cumplir ciegamente las ‘consignas’ impuestas por el
autoritarismo de su tiempo. La perpetuación de un estado de cosas se da, así,
como
una de las formas más efectivas de la alineación".
(x)
Del diario ABC COLOR (
Asunción,
Paraguay
) Jueves 06 de Julio de 2006