Economía
Los españoles
que vinieron a América replicaron la sociedad feudal que tenían en Europa: no
vinieron a trabajar, algo indigno para un caballero, sino a apropiarse de las
tierras de los indígenas.
"El único progreso verdadero es el progreso en caridad".
Aldous Huxley
Si preguntáramos
a los economistas cuál es la causa de la pobreza de nuestras naciones, creo
que más del 95% de ellos responderían que se debe a un fatídico círculo vicioso
de falta de capital, que porduce pocas inversiones, que a su vez crea pocos
empleos, lo cual genera un reducido mercado, lo que nos regresa al punto inicial
de escasa formación de capital y reducidas inversiones. Si les preguntáramos
cómo salir del círculo vicioso, responderían que ante nuestro reducido mercado
interno se debería poner énfasis en las exportaciones, para lo cual se deberían
reducir los costos internos, en especial los salarios, lo cual reduce aún más
nuestro mercado interno. También insistirían en la necesidad de que, ante la
falta de capital nacional, acudan al país capitales extranjeros y créditos de
entidades internacionales.
Creo
que estas consideraciones, con las que estarían de acuerdo la mayoría de los
expertos del Banco Mundial y FMI, están equivocadas. Y con tantos economistas
equivocados, no resulta raro que estemos con una economía agonizante.
¿Cuál
es la causa de la pobreza de nuestros países y cómo debemos salir de ella? Como
diría Jorge Bucay: "Cuando estés frente a un problema sin salida, sal
por la puerta por donde entraste". ¿Cómo entramos al problema? ¿Cuál fue nuestro
pecado original?
Buscando la puerta de entrada
Si
examinamos las diferencias de nuestra colonización con las de la colonización
británica, vemos que los ingleses llegaron a América a trabajar. Compraron la
tierra a los indígenas y la cultivaron. Cuando iniciaron la gran expansión hacia
el Oeste, realizaban grandes carreras en las que el primero en llegar se llevaba
las mejores tierras. En resumen, el acceso a la tierra fue democrático e igualitario.
Se construyó una sociedad nivelada en la que se formó un mercado que permitió
la paulatina especialización del trabajo, el aumento de la productividad y la
formación de capital. O sea, un círculo virtuoso exactamente opuesto al descrito
que en el primer párrafo.
Los
ibéricos, por el contrario, replicaron la sociedad feudal que tenían en Europa.
No vinieron a trabajar, algo bastante indigno para un caballero, sino a volverse
ricos despojando de la tierra a los indígenas y poniéndolos a trabajar en ellas
bajo el sistema de encomienda. Se formó una sociedad con un puñado de señores
feudales llenos de dinero y una inmensa mayoría despojada de tierra y bienes
que nunca pudieron constituir un mercado para iniciar la acumulación.
Para colmo de males,
copiaron de la metrópolis la persecución a los disidentes religiosos o de otro
tipo, conformando sociedades autoritarias. Y hoy seguimos con la misma mentalidad
feudal de desprecio al trabajo y a la cultura popular, y apreciando la riqueza
fácil y sin esfuerzo, que viene con la corrupción o la explotación de los demás.
Continuamos con el entretenimiento feudal de la exhibición de riquezas con nuestra
extensas "páginas sociales", "presentaciones en sociedad" y vehículos de lujo.
La entrada de capitales
externos y créditos no modifica sustancialmente esta situación. Un crédito externo
que llega a nuestros países no es "capital", es solo "dinero". El capital es
una relación social, y como no existe esa relación social en nuestros países,
el "dinero" regresa a ser depositado en los bancos de los países desarrollados
(donde sí encuentra "capital" que le permite producir intereses) o es guardado
como "dinero", muchas veces bajo el colchón. Como ejemplo claro y cercano tenemos
el "crédito chino", que aumentó considerablemente nuestra deuda externa sin
solucionar ningún problema fundamental.
Buscando
una nueva puerta
Esta
manera de comprender nuestras sociedades nos enfrenta a tareas muy diferentes
y nos permite ver el futuro de una manera mucho más esperanzadora que la imposibilidad
de salir del círculo vicioso. Puede ser interesante que vengan al país "capitales"
y "dinero" del exterior, pero es mucho más interesante darles capacidad de acumular
capital a los que trabajan, y gravar con impuestos y penalidades a los que solo
quieren acumular "dinero" y hacer exhibición de él. Disminuir las grandes
desigualdades sociales para que se genere un mercado donde el "dinero" pueda
convertirse en "capital". Apoyar la pequeña producción campesina
y las pymes, antes que a las grandes empresas sojeras y ganaderas. Dignificar
el trabajo productivo y estimulando, en especial en el sector público,
tan propenso al ocio y al planillerismo. Priorizar la educación básica
y técnica. Revalorizar lo popular y la cultura nacional.
Debemos
reconocer que algo se ha avanzado en este sentido con la Reforma Educativa,
la descentralización, la democracia formal. Pero en nuestros economistas se
ve muy poco avance, siguen confundiendo "dinero" con "capital".
Buscando el paraíso económico
Sin
embargo, aunque represente un avance, el capital tampoco es una solución. Es
notable cómo, a pesar de la elevadísima productividad que tiene el trabajo
humano, sigue existiendo gente con hambre. Los animales solo pasan hambre cuando
el clima no es propicio, en cambio el 30% de la humanidad pasa hambre siempre
con clima bueno o malo. Si el ser humano es el animal más productivo para trabajar,
pero a la vez el que más hambre pasa, quiere decir que el problema está en la
forma en que nos relacionamos para producir nuestros bienes.
El
problema está en que el pago al trabajo está considerado como un costo. Por tanto, cualquier avance
en la productividad no produce un traslado de este avance hacia un mejor nivel
de vida, sino que produce una eliminación de trabajadores del proceso productivo. De esta manera
crece la productividad del trabajo gracias a las computadoras
y los robots, y simultáneamente crecen el desempleo, la pobreza, la marginación
del proceso productivo y el hambre.
Algunos
países probaron pasar las fábricas y la tierra al Estado como empleador y repartidor universal,
pero fue un enorme fracaso. Creo que la solución pasa por la sustitución del salario fijo (costo) por un reparto
de un porcentaje fijo de los ingresos por ventas o de las ganancias, tal
como sugiere Martín Weitzman en
La economía de la participación. Una solución sencilla para un problema
económico que ya ha causado enormes sufrimientos. Algunos piensan que estamos
tan mal que no debemos hacer olas; sin embargo, tiempos de crisis como los que vivimos también pueden ser
los mejores momentos para realizar los cambios radicales.
Debemos
buscar la puerta por donde entramos al conflicto, lo que nos permitirá salir
de este círculo vicioso tomando medidas más democráticas y haciendo una
reingeniería social que nos permita construir un círculo solidario de
crecimiento.
